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República Dominicana, 2012: agreste y sobrepoblada

Por:  |  Fecha: 21 febrero, 2012 |  En:  Enfoques,

Hay un país en el mundo agreste y despoblado, escribió Pedro Mir. Pero mucho ha cambiado la República Dominicana desde que el poeta colocó el país en el mismo trayecto del sol, en un inverosímil archipiélago de azúcar y alcohol; con dos millones de vidas entre cordilleras, valles, ríos, penínsulas y mar.

Hoy, la República Dominicana no es agreste por su geografía inexplorada, sino por su gente, sus apuros, los atracos, robos, y la sensación de inseguridad y desprotección que predomina. No son dos millones sino diez, en la lucha cotidiana por sobrevivir.

En este país agreste, la criminalidad se ha vuelto ley suprema; sea corrupción, delincuencia callejera, narcotráfico o micro-tráfico, trata humana o prostitución. En común tienen la ilegalidad en la acción.

Muchos generan riqueza mal habida para proyectar éxito en medio del fracaso, o para intentar sobrevivir en tiempos malos.

Ser honrado es sinónimo de pendejo o malvado. La sociedad es cómplice del entre manos. La crítica es con frecuencia interesada y significa: quítate tú pa’ ponerme yo.

Se ve a diario en la política. En trajes, jeepetas, fugaces, enriquecidos y enardecidos van los activistas de prestancia, no importa si gobiernan hoy o gobernaron ayer.

Los dominicanos que pueden escapan. Van al gueto de algún imperio, o a alguna islita del archipiélago de azúcar y alcohol. Quieren consumir, vivir mejor, enviar remesas a sus familiares, y sentir que llegaron a ser alguien importante. Algunos naufragan en el intento y llegan vía expreso al reino de los cielos.

Otros entran ilegales. Son 20 millones que pueblan esta isla agreste y sobrepoblada; 20 millones en su mayoría empobrecidos, y mientras más pobres, más explotados, más analfabetos y con menos horizontes.

Dos países colocados en el mismo trayecto del sol ardiente, en medio de fallas sísmicas, rodeados de cordilleras, mar y penínsulas, desforestados de norte a sur y de este a oeste, donde militares y falsos demócratas siempre han gobernado.

En esta isla agreste y sobrepoblada proliferan las iglesias y religiones, como si no dieran a vasto para calmar las penas o alegrar el alma.

Es agreste un país donde la noticia reporta que un nieto violó una abuela de 100 años; donde cada día hombres adultos violan niñas en la infancia o pubertad sin que la sociedad se inmute; y donde los feminicidios son cifras estadísticas a comparar.

Es agreste un país donde una masa desposeída deja las escuelas y se lanza a la delincuencia porque el trabajo digno y honesto no es bien remunerado.

Es agreste un país donde salir a la calle es una expedición en auto-defensa, la cartera atestada al cuerpo, y la mirada siempre atenta para detectar un intruso dispuesto a perpetrar un asalto.

Es agreste un país donde gobernar es sinónimo de robar, donde funcionarios buenos y malos, honestos y corruptos, quedan empequeñecidos porque no hay manera de distinguir entre unos y otros.

Es agreste un país donde los gobiernos se resisten a invertir más en la educación porque prefieren acumular riqueza en vez de redistribuirla para elevar las capacidades humanas.

Es agreste un país de geografía pequeña con 10 millones de habitantes que no establece buen control de fronteras, y permite la trata humana para que muchos empresarios se enriquezcan a costa de la mano de obra barata.

Es agreste un país donde las buenas acciones de muchas personas quedan opacadas por las malas de otros.

¿Qué diría Juan Pablo Duarte si viera por una rendijita su amada patria en este nuevo aniversario de la independencia? ¿Y el poeta Mir, qué escribiría sobre esta isla agreste y sobrepoblada?

Artículo originalmente publicado en el periódico HOY.

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