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Los presidenciables

Por:  |  Fecha: 7 mayo, 2017  10:50 AM |  En:  Enfoques,

Aspirar a la Primera Magistratura del Estado es un derecho de cualquier ciudadano que cumpla las condicionalidades establecidas en el artículo 123 de la Constitución de la República. La clase social, el color de la piel,  el sexo, el credo político o la religión no son obstáculos para postularse a la Presidencia.

Basta, pues, con ser dominicana o dominicano de nacimiento u origen, haber cumplido treinta años de edad y estar en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos y no estar en el servicio militar o policial activo por lo menos durante los tres años previos a las elecciones presidenciales.

En algún momento la Carta Magna tendrá que llenar ciertos vacíos fundamentales en el conjunto de requisitos para escalar al solio presidencial, como por ejemplo la salud metal, algo que debería ser válido también para los principales puestos de toma de decisión en el Estado.

Si nuestros siquiatras decidieran analizar los perfiles de gente acantonada en los partidos políticos,  organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación que se creen “presidenciables”, el resultado sería todo un tratado de  higiene metal con casos simbólicos desplegados.

La Presidencia debería estar reservada siempre para personas cuerdas, prudentes, con inteligencia emocional, capaces de gerenciar sus emociones, entrenadas para “liderar” y no para “jefear”.  Pero, además, formadas en valores y con una clara vocación de trabajo por el bien común.

Un examen científico y profundo de la personalidad por una junta independiente de profesionales de la conducta humana, arrojaría mucha luz y sería un instrumento orientador para validar  a los candidatos presidenciales.

Aquí tenemos una larga cola de “presidenciables” apostando a un vacío de liderazgo en 2020 para lanzarse y no sobre la base de sus méritos, sino del oportunismo, anclados en el azar histórico y en un golpe de suerte.

No cuentan con otra vía para llegar porque carecen de talento, liderazgo, carisma y no han creado trayectoria política que valga la pena. Pierden de vista que esta sociedad no está en los años 70, llena de borregos electorales.

Otros tienen su esperanza puesta en la catástrofe social y desde ya trabajan para una explosión institucional que los haga emerger como rendentores. Son ilusos, reales pacientes siquiátricos. La sociedad debe estar vigilante para que no pasen, para que no nos impongan sus complejos, frustraciones ni el autoritarismo que llevan dentro.

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