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¿El “repentismo” deja dividendos?

Una de las críticas más frecuentemente escuchadas acerca del comportamiento en público del ex presidente Hipólito Mejía es que “se le va el seguro” y sale con dichos o expresiones que pueden resultar ofensivas o cuando menos incómodas. Hay tantos ejemplos de ello que hasta existe un libro escrito por una laureada periodista con una recopilación de las “metidas de pata” del rehabilitado candidato presidencial del PRD.

Hasta ahora, después de lograr la nominación por su PRD, quizás con la excepción de su mal citada afirmación de que no sometería a la justicia a amigos suyos (“canchanchanes”) que fuesen señalados como corruptos, el ex presidente Mejía ha estado mostrando un recato y una prudencia muy distintos a su desempeño habitual cuando fue jefe del Estado y después.

Analistas conservadores como Bernardo Vega le han recomendado cautela en sus pronunciamientos, pues quizás su propio peor enemigo sea él mismo cuando se va de boca. Y la verdad es que don Hipólito sabe, porque no es ningún bobo sino un político fino y un estadista, que sus “repentismos”, o reacciones impremeditadas, le han costado en el pasado perder popularidad o respeto de parte del público.

Pero contar con que don Hipólito va a traicionarse a sí mismo puede que sea una vana esperanza de los peledeístas. Esta reflexión me vino cuando leí cómo el príncipe Felipe, consorte de la reina Isabel II del Reino Unido, al cumplir hace pocos días su nonagésimo cumpleaños, es celebrado por la prensa británica por ser muchas veces algo deslenguado.

Al parecer su vocación al dicho imprudente ayuda a su popularidad. En una visita a China en 1986, le dijo a un grupo de estudiantes ingleses: “Si se quedan aquí por más tiempo, ¡se les ‘achinarán’ los ojos!”. Y a un estudiante británico que había recorrido a pié Papúa Nueva Guinea en 1998, le dijo ante una multitud: “Anjá, con que lograste que no te comieran, ¿eh?”.

De origen griego igual que doña Sofía la reina de España, al príncipe consorte del Reino Unido “le ha gustado el carguito” y el público inglés posee de él una opinión positiva pese a que en su rol de consorte que data de 1947 ha metido la pata de manera realmente incontable.

Ante la popularidad de don Hipólito, hay que ver, ¿será que, en vez de un “handicap”, su estilo lo ayuda?

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