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2011, año de revueltas globales

El año 2011 se inició con inesperadas protestas en Túnez y Egipto. Cayeron las dictaduras de Ben Ali y Hosni Mubarak. Las protestas se extendieron rápidamente a Yemen, Bahréin y Libia, y se acuño el término “primavera árabe”. Las movilizaciones continuaron hasta llegar a Siria, donde el gobierno se resiste a dimitir y masacra la población.

Alcanzar la democracia después de largas dictaduras es difícil. Predomina en lo inmediato la esperanza con el rompimiento de silencios cómplices entre gobernantes y gobernados. Por su lado, los poderes mundiales enfrentan el desafío de operar sin la excusa de que el fundamentalismo islamismo amerita sostener dictadores horrendos.

Terminó también el engaño de Gadafi. El supuesto socialismo, el excentricismo, la explotación de mujeres en cortejo, el robo del erario de un país empobrecido a pesar de la riqueza petrolera.

Si culpable ha sido el capitalismo de las dictaduras árabes, también la irrisoria definición de socialismo en que Gadafi justificó su régimen y otros hicieron coro.

Los países árabes, muy lejos del liberalismo democrático, corren el riesgo de caer en fundamentalismos religiosos. Lo innegable, sin embargo, es que en poco tiempo, la gente, incluidas mujeres arropadas en velos, salió a las calles a reclamar derechos. La historia está abierta, y como toda historia, se desconoce su destino.

En América Latina, Chile fue testigo de fuertes movilizaciones estudiantiles en demanda de mayor y mejor educación. El movimiento fue expresión de insatisfacciones de las capas medias que no ven el fruto de una economía en crecimiento sin suficiente redistribución.

En Europa occidental, donde ha habido abundancia de bienestar y democracia en las últimas décadas, también sonaron las protestas.

Los indignados aparecieron en las calles de Atenas, Madrid, y otras capitales. La crisis económica ha producido un nivel de desempleo desconcertante, los recortes públicos son ya regulares para satisfacer requerimientos de Alemania y de los tenedores de bonos que amenazan siempre con aumentar la tasa de interés por bonos soberanos.

Tirados a la calle, los indignados cuestionan gobiernos y el capital financiero instala nuevos, como los tecnócratas impuestos en Grecia e Italia.

El supuesto de que presidentes nombrados en golpes del mercado podrán hacer los recortes necesarios sin enfrentar gran oposición, es un juego político riesgoso en medio de la desesperación por encontrar solución a la crisis fiscal del capitalismo desarrollado.

En la medida que los nuevos gobiernos puestos en Grecia e Italia, y el electo de España, tomen nuevas medidas correctivas a los déficits mediante recortes presupuestarios, la población se sublevará con más ahínco. No hay que olvidar que Europa ha sido cuna de dos guerras mundiales por problemas similares a los que ahora ocurren.

En septiembre pasado, las protestas llegaron a Estados Unidos. Inspirados por los europeos indignados, surgió el movimiento “Ocupar Wall Street”. La crítica ha sido al capitalismo financiero, epicentro de la crisis que estalló en el 2008. De ahí el simbolismo de Wall Street.

En pocas semanas, el movimiento protestatario se extendió a las principales ciudades de Estados Unidos, y aunque no alcanzó la dimensión de masas, sembró una idea clave en el devenir del proceso político-electoral de 2012: la mayoría, simbolizada en el slogan “somos 99%”, ha visto descender su estándar de vida, mientras la ultra minoría, simbolizada en el 1%, ha captado riqueza excesiva en las últimas décadas.

Como evidencian estas luchas, en el inicio de la segunda década del siglo XXI, el aumento de la desigualdad y el declive en el estándar de vida motorizan las nuevas protestas en distintas partes del mundo.

Artículo originalmente publicado en el periódico HOY.

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