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“Meridiana”: ¿Interrogantes vigentes?

 

La literatura y el mundo todo ha pecado por el gusto de mitificar y convertir en héroes a personajes de comics y viceversa, mostrándonoslos unidimensionales y vacíos.

Dialogando hasta cierto punto con una “camaradería” y con un cierto sentimiento nostálgico por el radicalismo y  humanitarismo que ya veíamos desde la década del 30 en Norteamérica, encontramos Meridiana una novela de Alice Walker donde se recapitulan experiencias de las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos.

La escritora, a su decir, quería escribir una novela sobre los que quieren cambiar la sociedad desde dentro, los revolucionarios; por eso la novela muestra sus luchas internas, porque de estas personas sólo se conoce lo que transmite la televisión. Son íconos, pero también seres humanos.

Meridana aborda la evolución personal de una joven negra en el escenario del Movimiento de los Derechos Civiles. Estructuralmente compleja, la obra abre varias interrogantes, entre ellas el amor entre blancos y negros, la sexualidad, la tolerancia, los prejuicios y la violencia. La novela nos regala un fresco de la sociedad americana de la etapa del 60, sus vicios y licencias.  Nos brinda la naturaleza de  las contradicciones con el fin de dibujar y matizar su realidad. Razón por la cual, su obra no solo señala turbadoras emociones sino que deviene en una aventura del autodesarrollo humano.

Escrita como manta de retazos, donde cada trozo cuenta una pequeña historia que, al juntarse, armonizan en un profuso relato, la narración abarca una vasta multiplicidad de temas que la hacen una novela ambiciosa. Pero lo más importante del sedimento de la novela, y de lo que Walker proclama como piedra angular, de lo que pudiera llamarse, su discurso político, radica en que la -o los- protagonista(s) asume(n) una voluntad transformadora desde adentro. Sobre esto afirmó la autora: “La Revolución no es una moda, ni se lleva como quien exhibe un peinado. Hay que ser consecuente en los actos”.

La militancia de esta novela es indudable. La autora-personaje define bien su postura ante el problema “negro” y norteamericano en general. La obra está marcada por personajes más o menos flexibles en cuanto a filiación política, pero vemos a relieve la inconformidad de estos con la realidad que los acoge. Flexibilidad esta, que en ocasiones es sopesada por una respuesta a la disyuntiva matar o morir.

-Sé que quiero lo mejor para los negros.

-¡Eso es lo que todas queremos!

-Sé que tal vez deba haber una revolución.

-¡Seguro!

-Sé que la violencia es tan americana como el pastel de cerezas

-¡Sigue hablando!

-Sé que la no violencia ha fracasado

-Entonces ¿matarías por la Revolución, no solo morirías por ella?

-No sé….

-¡Mierrrrrda! ¿Pero puedes decir que probablemente lo harás?, ¿Que lo harás?

-No !!

Consecuentemente con la actitud política de la autora encontramos que en la novela se trazan puentes hacia la historia real del movimiento defensor de los derechos civiles de los afroestadunidenses: nos tropezamos con ciertas reticencias a “héroes” de los movimientos de liberación y de defensa de cualquier grupo minoritario, todos destruidos por la misma historia. Así encontramos al comienzo del segundo capítulo una loa-homenaje a personajes como Patricio Lumumba, George Jackson, Malcom X, etc. Meridiana, según palabras de la autora, es un homenaje a ese espíritu de rebelión y a quienes les fueron fieles. “Habíamos perdido a Martin Luther King y a otros, y  quería tenerlos en la memoria”.

Luego, también, es una novela en que se repasa el tema de la falsa igualdad, la falsa camaradería. Presume en colorear un universo, un proceso todo, que mostraba la descripción de un cuadro donde “una mano negra estrechaba a otra blanca”, sin embargo, como los colores eran planos, “las manos no parecían estarse apretando; más bien parecían estarse tocando las palmas o desprendiéndose una de la otra.”

En esta novela vemos como Alice Walker,que es además conocida y respetada no únicamente por desarrollar una obra profunda, sino por su actitud social que evidencia una coherente postura ética, brega a favor de los derechos de las minorías (negros y aborígenes en este caso). Brega además no solo por el entendimiento del sujeto negro, sino por el de la sociedad prejuiciada norteamericana en general. Escribe no solo para mostrarnos las relaciones entre negros y blancos, sino también para revelar el funcionamiento interno de la vida afroamericana. Y sobre todo por el entendimiento, aunque a veces fundándolo, y otras mofándolo, del héroe moderno y su función y tratamiento social. Es aquí sin dudas, el mayor logro de la escritora norteamericana en esta pieza. Funda al héroe moderno, lo analiza, lo reprende y lo derrumba cual ser humano común, nos los muestra como algo más que monumentos hieráticos. Nos hace perceptible su respiración y hasta su debilidad.

 

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