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28 de Abril-1965: Soberanía, democracia o muerte

28 de Abril-1965: Soberanía, democracia o muerte
Narciso Isa Conde

NARCISOLa impetuosa insurrección cívico-militar del 24 de abril de 1965 en tres días conquistó democracia, poder popular y soberanía.

El 27 de abril triunfó la segunda revolución democrática-popular caribeña cuando el pueblo y los militares patriotas derrotaron el viejo ejército creado por la intervención militar estadounidense de 1916, fortalecido durante la tiranía trujillista (uno de sus engendros) y protegido en 1961-62 por la flota naval emplazada en nuestra costa caribeña y por la intensa y febril intervención política de EEUU.

* Implicaciones de la intervención militar gringa.

La brutal invasión militar estadounidense iniciada el 28 de abril -pese a la heroica guerra patria desplegada durante los cuatro meses posteriores- logró detener y revertir esas conquistas… hasta dejarnos sin democracia real, sin poder popular y sin soberanía. Perduraron sí conquistas menores y espacios democráticos bajo control del capital transnacional, del viejo ejército restaurado paralelamente con el apoyo de las tropas invasoras y de la burguesía y la partidocracia local en expansión.

A lo largo de medio siglo esa intervención directa e indirecta -mezclada con represión, terrorismo de Estado (dictadura de Balaguer), corrupción, eliminación física de combatientes, captación de fuerzas constitucionalistas-revolucionarias tipo PRD-PRM, PLD y sectores de izquierda), transculturación, alienación, tráfico de drogas, perversión de la partidocracia de muchos colores- ha terminado generando un producto altamente degradado: un Estado y un sistema político cada vez más podrido, tutelado por EEUU (con su nuevo filin de lumpen-imperialismo) y la lumpen burguesía local.

En fin, una dictadura institucional uni-partidista (por el momento morada), basada en la neoliberal y autocrática Constitución del 2010, que “regentea” una sociedad re-colonizada y neo-liberalizada, empobrecida y parcialmente embrutecida por una dictadura mediática, una elite política mafiosa y prepotente; por un capitalismo voraz, depredador y enajenante… en el contexto de un rico y hermoso territorio gravemente concesionado a feroces empresas transnacionales mineras y grupos mafiosos criollos, en una isla con tropas imperialistas emplazadas en un Haití.

Todo esto como parte de un sistema de dominación, saqueo y control imperial montado sobre riquezas insulares diezmadas, pero todavía relativamente portentosas: bosques madera, gas, petróleo, sol, agua, biodiversidad, oro, plata, níquel, cobalto, litio y “tierras raras”. Valores embestidos tan ferozmente que ya se precipita contra nuestra existencia lo que ha sido definido como una posible catástrofe ambiental.

* Soberanía: cuestión de vida o muerte.

Y así en época del imperialismo –y especialmente de un imperialismo senil y devorador- el rescate de la soberanía se ha tornado es cuestión fundamental, de vida o muerte, para garantizar conquistas democráticas trascendentes postergadas. Hablo de soberanía del país, de la isla, de nuestra América y de la Humanidad ante el poder elitista transnacional.

Aquí -a consecuencia de la negación de soberanía a cargo de la invasión yanqui (no derrotada en 1965) y de la consiguiente recolonización posterior a ella- resalta el valor de empeñarnos en reconquistarla; lo que exige un nuevo proceso constituyente capaz de refundar la república y su democracia, reconstituir el Estado y sus instituciones. Un proceso protagonizado por actores políticos y sociales muy diferentes a los que hoy compiten en un escenario electoral absolutamente pervertido; lo que implica disponernos colectivamente a enfrentar las furias imperiales y de sus socios locales en franco proceso de descomposición.

No debe asombrarnos que la soberanía respeto a EEUU y al sistema imperialista mundial, no esté en la agenda de los políticos electoralistas; sean oficialistas o antigubernamentales, jóvenes o viejos, de derechas o de la falsa izquierda; aunque si está bien presente en una parte de ellos el pernicioso racismo anti-haitiano.

En su agenda está ausente la soberanía frente al imperialismo estadounidense y la democracia real opuesta a la seudo-democracia capitalista o lumpen capitalista.

Por sus mentes turbias no pasa la necesidad del contrapoder ni el poder popular, ni de la Constituyente Popular y Soberana. Ni la necesidad de una nueva Constitución inspirada en la del 63 y en la Comuna de Abril.

Y eso define esencialmente lo qué son. Entonces, ¿qué sentido tiene votar por ellos/as? ¿Acaso no es más útil quitarle apoyo y prepararnos para ejercer en grande en lo adelante la democracia de calle?

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