El capital tiene todos los días del año y del mundo.
El patriarcado también.
El Vaticano… ni hablar.
La mujer tiene uno solo.
Y no es casual.
Como no lo es la violencia que la somete y martiriza.
O la manera como la borran del lenguaje.
O la forma como la sacan de la historia.
O las normas que la reducen a instrumento de placer, material de cama y de cocina.
Ni una más, pero se desbordan los cadáveres por las costas del país.
Hombre: ¡ni una más! Pero no se detienen con esas campañas los ríos de sangre femeninos…
Es que el producto tétrico tiene raíces endurecidas y el capital y el patriarcado se resisten a descubrirlas y arrancarlas, por todo lo que les sirven a su abusivo reinado.
La violencia contra la mujer responde a una relación de poder, a un estado de opresión, a una cultura de dominación y sobre-explotación, que la acompaña, alienta, reproduce y justifica.
El gran capital y el milenario patriarcado, fundidos en placentera relación carnal, piensan que salvan su alma envilecida cediéndole un solo día a la más sufrida criatura del planeta.
Y después… sus grandes beneficiarios suelen dormir satisfechos y tranquilos, aplaudidos por sus medios repletos de aberraciones y mentiras.

