El problema de los precios en la canasta básica, impactados por la sequía y la crisis internacional, debe manejarse como una emergencia nacional y no como una rebatiña política.
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El problema de los precios en la canasta básica, impactados por la sequía y la crisis internacional, debe manejarse como una emergencia nacional y no como una rebatiña política.
La reforma que el Gobierno se niega a llamar por su nombre —y bautizó Plan Anti-Crisis— es difícil de atacar porque quita y da al mismo tiempo. Muerde y sopla. Pellizca y acaricia. Divide al empresariado entre los que celebran y los que calculan el daño. Cuando la reforma se llama “plan” para que no duela… pero igual pellizca.
11 junio 2026