Washington.- La destitución de la fiscal general, Pam Bondi, marca un nuevo cambio en el Gabinete del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuyo equipo permaneció prácticamente intacto durante su primer año de mandato.
Sin embargo, ahora comienza a reconfigurarse en medio de la presión por la impopular guerra en Irán.
La salida de Bondi, que será reemplazada de manera interina por el fiscal adjunto Todd Blanche, se produce menos de un mes después de que Trump destituyera a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
Se trata de la primera integrante del gabinete cesada desde el retorno del republicano a la Casa Blanca.
Según la prensa local, Trump también evalúa relevar a la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, en una serie de movimientos que llegan mientras se desploma la popularidad del mandatario.
- Estos cambios coinciden con el desgaste político provocado por el conflicto en Irán.

Primeras grietas en el gabinete
El primer mandato de Trump (2017-2021) se caracterizó por constantes y abruptos cambios en el Gabinete, con despidos a golpe de tuit de quienes intentaban frenar sus impulsos.
Sin embargo, el republicano volvió al poder en enero de 2025 con la lección aprendida y se rodeó de leales para garantizar mayor estabilidad.
Durante el primer año de su segundo mandato, el único cese destacado fue el de mayo de 2025, cuando el entonces consejero de Seguridad Nacional, Mike Waltz, fue nombrado embajador ante la ONU.
Esto ocurrió tras el escándalo provocado al incluir por error a un periodista en un chat donde el Gobierno discutía planes militares.
Ningún secretario había sido despedido hasta el 5 de marzo, cuando fue cesada Kristi Noem, en el ojo del huracán por la muerte de dos ciudadanos estadounidenses en operativos migratorios en Mineápolis.
También influyó una costosa campaña publicitaria de autopromoción que enfureció a Trump.
Tras su salida, Noem fue designada emisaria de una iniciativa de seguridad en Latinoamérica.
No obstante, la filtración de imágenes personales ha generado controversia y sugiere tensiones internas.
Presión política y desgaste por la guerra
El cese de Pam Bondi, anunciado este jueves, no sorprende. Su figura pendía de un hilo debido al fuerte rechazo entre las bases trumpistas por su gestión del caso Jeffrey Epstein.
Su manejo del expediente generó críticas y alimentó teorías de conspiración.
Bondi aseguró inicialmente que poseía una supuesta lista de clientes de Epstein, pero poco después el Departamento de Justicia negó su existencia.
Mientras tanto, la fiscal mantuvo una gestión errática e intentó desvincular a Trump del magnate.
Lo que habría agotado la paciencia del presidente fueron los reveses judiciales de la Fiscalía, especialmente en los intentos por imputar a rivales como el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.
Según medios locales, incluso habría intentado evitar su destitución en una reunión privada sin éxito.
Trump busca ahora dar un nuevo impulso a un Gobierno que atraviesa un momento delicado, marcado por la guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Esta situación ha provocado un aumento en el precio de la gasolina en plena antesala electoral.
La aprobación del mandatario ha caído a un 35 %, según encuestas recientes, mientras crece el rechazo ciudadano al conflicto.
El propio Trump ha intentado restar gravedad al afirmar que la guerra podría terminar en “dos o tres semanas”.
Durante una comparecencia en el Despacho Oval, el presidente criticó la cobertura mediática, asegurando que recibe “un 97 % de mala prensa”.
Incluso ironizó sobre el desempeño de su portavoz, Karoline Leavitt, al sugerir que podría estar haciendo “un trabajo pésimo”.
