Más allá del empleo de la fuerza bruta que le queda, la gravedad del caso estadounidense es la crisis de decadencia que lo azota y la descomposición que sufre el sistema imperialista occidental, que incluso amenaza con la disolución de la OTAN, el deterioro de la UE y la creciente pérdida de aliados del otrora Coloso del Norte.
EEUU, centro del sistema capitalista mundial, está en una crisis mayor; y la civilización capitalista occidental, en su conjunto, está inmersa en la peor y más peligrosa crisis de su historia.
En EE. UU., la crisis reventó en 2008, con expresiones agudas en el campo financiero y de bienes raíces.
La cúpula del poder estadounidense y la Administración Obama trataron de revertirla a través de un enorme endeudamiento público, y esta rebrotó en ese mismo escenario (con expresiones aún más graves) después de extenderse al Norte de África y a Europa (Egipto, Túnez, Yemen, Islandia, Irlanda, Portugal, Grecia, España, Italia e Inglaterra…).
Es evidente que no se trata de una de las tantas crisis cíclicas de sobreproducción, menos aún de una crisis exclusivamente financiera o económica, como se ha dicho.
Es algo de mayor profundidad, extensión y gravedad.
Es una crisis diferente a las anteriores. Incluso distinta a las pasadas crisis estructurales o sistémicas.
Es una mega-multi-crisis crónica del sistema imperialista occidental
Una crisis integral de la civilización burguesa occidental: económica, financiera, de sobreproducción y subproducción, político-institucional, militar, medioambiental, alimentaria, urbanística, moral…
·BALANCE DESASTROSO Y DECLIVE INDETENIBLE.
A las guerras del Pentágono y la CIA, Israel y el Mosad contra Palestina, Irak, Afganistán, Siria, Libia, Yemen, Somalia… se le sumó la guerra de EE. UU. y UE en Ucrania, vía OTAN, contra Rusia; iniciada en el 2014 en territorio ucraniano; en la mayoría de los casos, con un balance desastroso para EE. UU., UE y la OTAN.
A esto se agrega ahora el impacto demoledor de las derrotas sufridas por EE. UU. e Israel en la guerra regional del Medio Oriente y la consiguiente gestación de una crisis económica global que impacta también las descompuestas entrañas de las grandes potencias capitalistas occidentales.
No ha valido el despliegue de su desfasado gigantismo militar, la manipulación de la ya estremecida hegemonía del dólar en la economía, la instrumentalización de los fenómenos naturales, el empleo, en lo militar, de sus avanzadas tecnologías.
No ha valido que todos esos y otros recursos hayan pasado a ser armas de guerra del Pentágono y la OTAN.
El declive no se detiene.
Donald Trump es un engendro personal fascistoide de esa crisis y el complejo militar-industrial-financiero que determina el curso internacional de esa potencia mundial; es un engendro estructural de la misma.
Al poder establecido en EE. UU. le están fracasando todas las iniciativas —salvo su victoria temporal en Venezuela— destinadas a reforzar la debilitada hegemonía mundial de EE. UU. y a apropiarse de minerales de alto valor tecnológico, fuentes de agua y biodiversidad ausentes o muy disminuidas en sus propios predios norteamericanos y europeo-occidentales.
Todo eso está en crisis y todo esto apunta hacia una crisis más profunda, que tiene como primera expresión, a punto de consumarse, la pérdida de la supremacía mundial de EE. UU. y las fracturas y reagrupaciones de sus aliados euro-occidentales.
·AQUÍ SE PUEDE Y SE DEBE AVANZAR.
El viejo orden mundial está en crisis mayor, y esto posibilita golpearlo y debilitarlo dónde sea posible y donde más le duela.
EEUU declina.
Insisto en que aquí, a pesar del gobierno neocolonial y el mando omnipresente del Comando Sur, se ha demostrado que EE. UU. y el imperialismo occidental, en cuanto a su plan minero, pueden ser sensiblemente debilitados. ¡Un aporte a su decadencia nada menospreciable!
Esto se evidenció con renovada intensidad en el caso Loma Miranda y ahora se repite espectacularmente en San Juan de la Maguana y el Suroeste, luchando por sus tierras, por el agua y por la vida.
Abinader reculó en Romero, no por bondadoso, sino porque el pueblo lo obligó a evitar la quemazón que implicaba no hacerlo.
Pero Gold Quest tiene otras 15 concesiones en esa zona y muchas otras más en la cercanía, en toda la Cordillera Central, en la Septentrional, en la Oriental y la frontera con Haití: más de 300 en total, muchísimas de ellas amparadas en una ley minera colonial, con grados altos de ilegalidad y próximas a fuentes de agua vitales.
Ahora hay que marcharles a esas otras concesiones de exploración mineras, a ley minera colonialista, a las agresiones a áreas protegidas, a la concesión de exploración de tierras raras al ejército de EE. UU., al contrato estafa y la nueva presa de cola húmeda de Barrick; al ominoso proyecto UNI-BARRICK-GOLD, a las leyes privatizadoras de ordenamiento territorial, de agua, APP y fideicomisos; a las inminentes amenazas de depredación de la Cordillera Septentrional y la destrucción de manglares y corales.
Hay que impulsar un gran torrente nacional por el agua y por la vida, por derechos esenciales del pueblo y de la Madre Tierra.
