SANTO DOMINGO. – La psicóloga Rafaela Burgos recomendó a los padres actuar con cautela al momento de presentar una nueva pareja a sus hijos después de una separación o divorcio, al considerar que el proceso debe realizarse de manera gradual y respetando el tiempo emocional de los menores.

Durante su participación en el segmento Anillo Familiar del programa El Despertador, la especialista explicó que antes de introducir a un padrastro o una madrastra en la dinámica familiar, es necesario que los niños hayan procesado la ruptura de sus padres.

 “Tenemos que ver que los niños ya hayan procesado la separación, ya lo hayan asumido, aceptado. Si los niños todavía están lidiando con el dolor de la separación, entonces no es el momento”, afirmó.

Burgos indicó que la nueva pareja no debe ser presentada de forma repentina y que primero debe existir una conversación con los hijos sobre la existencia de esa persona.

“No es ya traerla y presentárselo. Se le habla primero a los niños, se le vaya diciendo que hay una persona con la que nos sentimos cómodos, con la que estamos saliendo, que la estamos conociendo”, expresó. Agregó que lo ideal es que la relación tenga perspectivas de estabilidad antes de involucrar a los menores.

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La especialista advirtió que apresurar este proceso puede generar resistencia, sentimientos de desplazamiento y conflictos emocionales en los niños.

“Generamos en los niños una sensación de que lo están desplazando, de que ya no son tan importantes para papá o para mamá, de que esta persona viene a sustituir al padre o a la madre”, señaló.

 Asimismo, recomendó evitar comparaciones entre la nueva pareja y el progenitor biológico, ya que esto puede provocar conflictos de lealtad en los hijos.

En los casos donde la separación haya terminado en malos términos, Burgos consideró fundamental establecer límites claros entre los ex parejas y enfocar la relación en la coparentalidad.

 “La relación de pareja se acaba, pero la relación como padres no se acaba”, sostuvo.

Según explicó, mantener una comunicación coherente y priorizar el bienestar de los hijos facilita la adaptación a las nuevas dinámicas familiares y reduce el impacto emocional de los cambios.