Washington. – Cuando el próximo 4 de julio los fuegos artificiales retumben sobre Washington para conmemorar los 250 años de la independencia de Estados Unidos, el gran protagonista no será la figura de George Washington, el primer presidente del país, sino el actual mandatario, Donald Trump.
El líder republicano ha convertido los actos por el aniversario de la emancipación estadounidense de 1776 en una exaltación de su propia figura, con mítines de claro tono electoral y monedas conmemorativas con su rostro, lo que sus críticos consideran un claro secuestro de estas festividades.
Trump toma el protagonismo
Trump planea dar un gran discurso ante miles de simpatizantes el Día de la Independencia en la Explanada Nacional de Washington, el gran parque que conecta el Capitolio con el Monumento a Lincoln, en un espectáculo que incluirá pirotecnia y el sobrevuelo de aviones de combate.
En la víspera, el mandatario presidirá un acto en el icónico Monte Rushmore, a los pies de los colosales rostros esculpidos de los presidentes George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln, equiparándose así a los mandatarios más admirados del país.
No sorprende la voluntad de protagonismo del presidente, una antigua celebridad televisiva acostumbrada a los focos y a quien los miembros de su gabinete y de su partido suelen adular en público para ganarse sus favores.
Tal es así que el Gobierno prepara la emisión de monedas y pasaportes conmemorativos de la independencia con el rostro de Trump y quiere que el Congreso reforme la ley para poder incluir su firma en los billetes de dólar.
Se supone que la celebración gira en torno a Estados Unidos. Trump quiere que gire en torno a él. No puede ver más allá de su propio interés», critica en declaraciones a EFE el historiador John Pitney, quien apunta que «no existe precedente para este comportamiento».
Durante el bicentenario de Estados Unidos, hace 50 años, el entonces presidente, Gerald Ford, participó en los actos, pero «mantuvo la atención centrada en la nación» e incluso vetó un proyecto del Congreso para bautizar un edificio federal en su honor, recuerda Pitney.
Hoy la Casa Blanca mantiene una disputa legal para poder renombrar el Centro Kennedy, el mayor teatro de la capital, con el nombre de Trump.
Boicot a las celebraciones
La omnipresencia del presidente en estas festividades quedó en evidencia el pasado 24 de junio, cuando decidió presidir la inauguración de una gran feria conmemorativa en Washington, después de que varios artistas, como Young MC o Martina McBride, cancelaran su concierto por temor a que el evento se politizara.
Trump, que llegó a decir que podía atraer a más público que Elvis Presley, tomó el escenario y pronunció un discurso de marcado tono electoral, con la mira puesta en las elecciones de medio mandato de noviembre, en el que defendió la guerra contra Irán y prometió que pronto bajará el precio de la gasolina.
Días antes, el 14 de junio, celebró su 80 cumpleaños con un gran combate de artes marciales mixtas de la UFC en la Casa Blanca, un evento inédito que también fue incluido en la agenda de celebraciones del 250 aniversario.
Los eventos están organizados por la plataforma Freedom 250, integrada por allegados al republicano, que ha contribuido a reforzar el tono político de las celebraciones.
El presidente Trump se está asegurando de que Estados Unidos tenga el espectacular cumpleaños que se merece», declaró a medios el portavoz de la Casa Blanca, David Ingle, quien agregó: «Solo quienes sufren un caso severo de síndrome de odio a Trump ven un problema en ello».
Para los demócratas, además de centrar los festejos en sí mismo, la Administración republicana está incluso intentando reescribir la historia, borrando de placas y exposiciones referencias a la esclavitud o incluso a los juicios políticos contra Trump en su primer mandato (2017-2021).
Marcado también por su pasado como magnate de la construcción, el mandatario está decidido a moldear Washington a su antojo con todo tipo de obras, incluida la construcción de un polémico gran salón de baile en la Casa Blanca o el levantamiento en la capital del mayor arco de triunfo del mundo para honrar los 250 años del país.
En los últimos días, la atención se ha dirigido al estanque junto al Monumento a Lincoln, después de que Trump lo mandara pintar de azul, pero pocos días después el agua volvió a teñirse de verde por una plaga de algas, lo que para algunos es una metáfora de su presidencia.
