Las muy recientes elecciones colombianas sugieren que nos preguntemos si algunos de los resultados de las últimas elecciones latinoamericanas se repetirán en el caso dominicano en el 2028. Por ejemplo, en trece de las últimas dieciséis elecciones en nuestro continente ha ganado el candidato de la derecha: Javier Milei en Argentina; José Antonio Kast en Chile; Daniel Noboa en Ecuador; Keiko Fujimori en Perú; Abelardo de la Espriella en Colombia; Laura Fernández en Costa Rica; Nasry Asfura en Honduras, etc. y, por supuesto, Donald Trump en Estados Unidos.

El problema es que en Santo Domingo no sabemos cuál partido es de derecha y cuál es de izquierda. Está el caso de Leonel Fernández, quien en su primer gobierno privatizó las tres distribuidoras de electricidad y dos generadoras: Itabo y Haina, lo que haría pensar que es de derecha. Pero, desde entonces. es difícil catalogarlo como un candidato conservador. Lo mismo es aplicable a Danilo Medina y a Luis Abinader, así como al PRM, al PLD y a la Fuerza del Pueblo. Aquí no hay ideologías por lo que probablemente la gente vote según perciba que hubo mayor o menor corrupción durante los gobiernos de esos tres partidos, importando eso más que las virtudes de los candidatos.

Segunda vuelta y alianzas opositoras

Hace pocos días, tanto en Perú como en Colombia, se tuvo que ir a una segunda vuelta. Creemos que lo mismo ocurrirá en nuestro país, pues difícilmente el PRM saque más del 50% de los votos en la primera. En una segunda vuelta habría que preguntarse si el PLD y la Fuerza del Pueblo se unificarían. Lo dudamos.

Tanto en los recientes casos peruanos y colombianos la diferencia entre el ganador y el perdedor no pasó de un 1%. Dudamos que eso ocurra en la contienda dominicana en el 2028.

Al presidente Trump le ha dado por apoyar públicamente a un candidato específico latinoamericano durante las mismas campañas electorales. El caso más reciente fue el de Abelardo de la Espriella en Colombia, a quien Trump también felicitó la misma noche de las elecciones.

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¿Apoyará Trump durante la campaña electoral del 2028 a un candidato dominicano? Me permito preguntar al querido lector, lectora, como si fuera yo un encuestador quien los visita, que contesten honestamente a la siguiente pregunta: “Si el presidente Trump durante la campaña electoral dominicana del 2028 apoya públicamente a un candidato dominicano, ¿hará esto que usted más probablemente vote por ese candidato, o hará que menos probablemente vote por él, o no afectará a su voto?” Piénselo bien antes de contestarse a sí mismo y pregunte también a sus amigos.

Abstención, voto de castigo y seguridad

El absentismo fue muy alto en las últimas elecciones dominicanas del 2024, sobre todo en el caso del voto de la diáspora y es lógico que así hubiese sido, pues mientras más tiempo se pasa residiendo en el exterior, menos interés hay por la política del terruño. Por otro lado, el absentismo local tal vez se explica por el desprestigio de los políticos dominicanos. Bien podría ser que en el 2028 la abstención llegue a su nivel más alto, sobre todo si no coincide con una gran crisis económica, política o social durante esos días.

Otra característica de las elecciones en nuestro hemisferio durante los últimos años es que se ha votado por el cambio, por no permitir la reelección ni la continuidad. Se trata de un voto de castigo. Igualmente común en esas elecciones es que el ganador resulta ser un candidato populista quien aboga por la “mano dura” tipo Bukele. 

Hace cincuenta años que he estado haciendo encuestas políticas en el país y ante la pregunta sobre cuáles son los principales problemas de la nación, durante muchos años la respuesta se concentró en problemas económicos como el desempleo y la inflación. Sin embargo, en este siglo ha surgido un tercer problema claramente identificado por el encuestado: la violencia y el crimen. Eso mismo ha estado ocurriendo en la mayoría de los países del Caribe y Centroamérica. Por eso la popularidad de la “mano dura”. Veremos qué opinan en el 2028.

Común a nuestros últimos tres líderes políticos ha sido su error, muy costoso, de aumentar en forma extraordinaria la nómina pública. Cándido Mercedes nos ha recordado que Hipólito Mejía la aumentó en un 34.7% más de empleados, Leonel Fernández un 45%, Danilo Medina un 35.7% y Luis Abinader en lo que va de gobierno un 28%. Es decir, que mientras Joaquín Balaguer dejó la nómina en 293,000 burócratas, ya hoy día asciende a 773,000. El corolario de esto ha sido que mientras Balaguer dedicaba el 50% de los recursos presupuestales a la inversión pública, hoy día apenas llega a un 10%. En una época de computadoras y mecanización toda nómina debería disminuir. Además, ahora nuestras campañas se concentran en los algoritmos, los bots y la propaganda a través de las redes sociales.