Ningún tirano se corona solo.
Emperadores, sátrapas, corruptos, títeres: todos tuvieron una audiencia que aplaudió, calló o miró hacia otro lado. El poder no nace de la fuerza del que manda, sino de la resignación del que obedece. Cada pueblo tiene, tarde o temprano, el gobierno que decidió tolerar. ¿Qué estamos dispuestos a permitir hoy con tal de no incomodarnos?
