La senadora Bournigal lo dijo con tranquilidad: los cacerolazos no tumban gobiernos. Tiene razón. Tumban algo más lento y más difícil de reconstruir: la percepción.
Cada golpe de olla no es un golpe de Estado. Es un dato que entra al algoritmo, se replica y se queda.
¿Y si el verdadero riesgo no es que caiga el gobierno, sino que se acabe de instalar un relato?
