Al PRM le ha tocado gobernar en tiempos de ebullición (pandemia, guerras y empeoramiento en Haití), pero eso no quita reconocer que es el propio Poder Ejecutivo quien a veces crea las condiciones para que la situación arda; las protestas y los cacerolazos que en el 2020 fueron el sustento de la victoria de Abinader, ahora le pueden jugar en contra: después de ser martillo, ahora es clavo.
Entre el Código Penal, la reforma laboral, la huelga de médicos y los escándalos de corrupción, han hecho que las circunstancias sean un caldo de cultivo para el surgimiento de un populismo que al final resulta peor que la enfermedad, pues los discursos radicales o mesiánicos que prometen soluciones fáciles suelen poner en riesgo la estabilidad.
Por cierto, y el proyecto de reforma policial, ¿lo leímos bien? No vaya a ser que haya algún artículo que impida cuestionar a la policía; en verdad no sería extraño, pues todos los gobiernos de nuestro país se han caracterizado por “poner más huevos” que la cantidad de pasajeros en un vagón del metro en hora pico.
