SANTO DOMINGO.– Detrás de cada competencia, cada entrenamiento y cada medalla hay historias que también se construyen lejos de las canchas. En la Villa Centroamericana, atletas de 37 países comparten mucho más que el sueño de subir al podio: viven, conviven, descansan, crean amistades y acumulan recuerdos que, aseguran, permanecerán con ellos mucho después de que terminen los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
Lejos de sus hogares y de sus familias, los deportistas han encontrado en este espacio un punto de encuentro donde las diferencias de idioma, cultura y nacionalidad quedan en segundo plano frente a la camaradería que se respira entre quienes comparten una misma pasión: el deporte.
Para Howard García, integrante de la delegación de Puerto Rico, lo que están viviendo en República Dominicana va mucho más allá de una competencia.
“Todo ha sido de maravilla… Nos ha encantado la experiencia, ha sido un sitio bien acogedor para nosotros. Es una experiencia que nos llevamos por el resto de nuestras vidas”, expresó.
Una sensación similar experimentan atletas de otras delegaciones, quienes durante estos días han encontrado en la Villa un ambiente que les permite sentirse acompañados mientras cumplen con el compromiso de representar a sus países.
“Muy bien, está muy bonito, un buen ambiente, el clima cálido… Todos muy amigables aquí, pasándola bien”, contó Melvin Javier, de Nicaragua.
Y es que entre entrenamientos, competencias, comidas y momentos de descanso, la Villa se ha convertido en el escenario de una historia paralela a la que se escribe en las instalaciones deportivas: la de cientos de atletas que, por unos días, comparten un mismo hogar lejos de casa.
Una rutina entre entrenamientos y competencias
La vida en la Villa también tiene su propio ritmo. Los atletas deben encontrar un equilibrio entre la preparación física, las competencias y el descanso, mientras aprovechan los espacios disponibles para mantenerse activos y continuar enfocados en sus objetivos.
Algunos han creado sus propias rutinas durante su estadía, incorporando actividades que les permiten mantenerse en movimiento y conservar la disciplina que exige el alto rendimiento, incluso cuando no tienen una competencia inmediata.
La jornada de estos deportistas transcurre así entre entrenamientos, recuperación y momentos de convivencia, en una dinámica que les permite mantener la concentración sin dejar de disfrutar la experiencia que representa compartir con atletas de toda la región.
La fuerza de estar unidos
Pero si algo se repite entre las delegaciones es la importancia de permanecer unidos.
Para muchos atletas, competir lejos de casa hace que el equipo se convierta en una segunda familia. El apoyo de los compañeros, la motivación antes de una competencia y la celebración conjunta de cada triunfo hacen que la experiencia sea todavía más especial.
La unidad también se siente en los pequeños momentos: compartir una comida, conversar después de una jornada intensa o simplemente acompañar a quien acaba de competir.
Porque aunque cada atleta tiene una meta individual, todos entienden que representan algo más grande que ellos mismos. Llevan sobre sus hombros los colores de una bandera y, al mismo tiempo, cuentan con un equipo que los acompaña en cada paso.
Un hogar lejos de casa
La Villa Centroamericana ofrece espacios pensados para hacer más agradable la estadía de los atletas. Salones, cine, sala de videojuegos, comedor, supermercado y gimnasio forman parte de las facilidades con las que cuentan las delegaciones durante su permanencia en Santo Domingo.
Son lugares donde los deportistas pueden desconectarse por un momento de la presión de las competencias, descansar y compartir con sus compañeros después de una jornada exigente.
Para quienes pasan varios días lejos de sus familias, estos espacios adquieren un significado especial. La convivencia diaria permite que los atletas construyan nuevas amistades y conozcan personas con historias diferentes, pero unidas por la misma pasión.
Y es precisamente allí donde las fronteras parecen desaparecer.
Un atleta de Nicaragua puede compartir con uno de Puerto Rico; alguien que llegó desde Costa Rica puede coincidir con otro representante de cualquier país de la región. Las banderas siguen siendo importantes, pero dentro de la Villa también existe una identidad común: la de ser parte de una gran familia deportiva.
La gastronomía también une
En una Villa donde conviven atletas de 37 países, la gastronomía ocupa también un lugar importante.
La alimentación es parte esencial de la preparación de los deportistas y el comedor se ha convertido en uno de los espacios de mayor movimiento y convivencia. Allí, además de recibir los alimentos necesarios para afrontar entrenamientos y competencias, los atletas encuentran otro punto de encuentro para conversar y compartir.
La diversidad de delegaciones también supone un reto gastronómico: atender las necesidades de deportistas provenientes de diferentes culturas y acostumbrados a sabores distintos.
Pero la comida termina siendo, al mismo tiempo, una forma de acercamiento. Alrededor de una mesa se comparten historias, costumbres y experiencias, mientras los atletas recargan energías para continuar con sus compromisos.
Así, la gastronomía se suma a una experiencia que no se limita a lo deportivo y que permite que los visitantes conozcan también una parte de la hospitalidad dominicana.
Más que medallas
Mientras en las instalaciones deportivas se disputan medallas, récords y victorias, dentro de la Villa Centroamericana se construyen recuerdos que no aparecen en ningún tablero de resultados.
Cada delegación persigue sus propios objetivos. Cada atleta tiene un sueño. Algunos buscan subir al podio; otros quieren superar sus propias marcas. Pero todos comparten algo: la oportunidad de vivir una experiencia que difícilmente volverán a repetir de la misma manera.
Entre entrenamientos y competencias también hay espacio para reír, conversar, descansar, conocer nuevas personas y descubrir que, aunque vienen de países diferentes, existen muchas cosas que los unen.
Y cuando llegue el momento de regresar a casa, algunos atletas volverán con una medalla al cuello. Otros se llevarán la satisfacción de haberlo dado todo. Pero habrá algo que todos compartirán: los recuerdos de los días vividos en Santo Domingo.
Porque detrás de las cifras, los resultados y las posiciones en el medallero existe otra historia, una que se escribe en los pasillos de la Villa, en las mesas del comedor, en los espacios de descanso y en cada encuentro entre atletas.
La historia de quienes llegaron a República Dominicana para competir y representar a sus países, pero que terminarán regresando a casa con nuevas amistades, experiencias compartidas y momentos que permanecerán en su memoria.
Porque cuando las luces de Santo Domingo 2026 se apaguen y las delegaciones emprendan el regreso, quedarán las medallas y los resultados, pero también quedará el recuerdo de una Villa que, durante estos Juegos, se convirtió para muchos en un hogar lejos de casa.
Y como lo resumió Howard García, será, sobre todo, “una experiencia que nos llevamos por el resto de nuestras vidas”.
