Dado que el Licey no es parte de los Juegos Centroamericanos y del Caribe inaugurados en Santo Domingo el domingo pasado, no he seguido este evento con tanto entusiasmo como familiares y amigos amantes de los deportes. Quizás mi cuota de atención extra-beisbolística quedó exhausta tras el mundial de fútbol.
Pero, ya más en serio, parece que el país se ha lucido con la apertura e impresionante ceremonia, la acogida de los atletas y demás visitantes y la calidad de las instalaciones. Casi cien bailarines, buena coreografía, música y espectáculo de luces incluyendo drones, con mucho simbolismo patriótico, causaron aplausos del público presente y satisfacción a muchos televidentes.
Según opiniones en la prensa, incluso de habituales criticones políticos, es innegable la muy buena organización de la logística, la asistencia a turistas, la amabilidad del personal de apoyo y de seguridad. Desde el Centro Olímpico hasta el Malecón y las instalaciones en el Parque del Este, hubo más quejas por el calor que por fallas de los organizadores.
Falta ver cómo seguirán su curso los juegos y el despeño atlético de los dominicanos, pero parece que en hospitalidad y organización ganaremos medalla de oro. Este éxito debe mucho a la excelencia del comité organizador, apoyo privado como el del CRESO y la eficacia del Ministerio de Deportes.
Si igual empeño se aplicara a otros asuntos nuestro país sería una fiesta… ¡Gran enseñanza aplicable sin mucho riesgo!
