Antártida. – La estación científica Concordia, ubicada en el corazón del continente antártico, registró el pasado 18 de julio una temperatura de -84,1 grados Celsius, la más baja medida en cualquier punto del planeta desde 2012, según confirmaron el Instituto Polar Francés Paul-Émile Victor (IPEV) y el Programa Nacional Italiano de Investigación Antártica (PNRA).

La medición, realizada con apenas nueve minutos de diferencia entre dos registros consecutivos, también representa la temperatura más baja documentada en los 16 años de operaciones de la base, uno de los centros de investigación más aislados del mundo.

Concordia y el nuevo mínimo térmico

Concordia se encuentra a más de 3,200 metros sobre el nivel del mar, en la meseta antártica oriental y a unos 1,100 kilómetros de la costa. Su ubicación, sumada a la ausencia de luz solar durante el invierno austral, la escasa humedad y la estabilidad de la atmósfera, favorecen el descenso extremo de las temperaturas.

Aunque el planeta atraviesa un proceso de calentamiento global, los especialistas explican que este tipo de episodios no contradice esa tendencia.

Señalan que el cambio climático se analiza a partir de patrones de largo plazo, mientras que los eventos extremos de frío o calor forman parte de la variabilidad natural de la atmósfera y aportan información valiosa para perfeccionar los modelos climáticos.

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Los investigadores destacan que los registros obtenidos en Concordia permiten comprender con mayor precisión el comportamiento de la atmósfera en condiciones extremas y contribuyen al estudio del clima a escala global.

Qué aporta este registro al clima

A pesar del nuevo récord, la temperatura registrada este año no supera la marca más baja documentada oficialmente en la Tierra, establecida en -89.2 grados Celsius en la estación rusa Vostok, también en la Antártida, en 1983.

La base Concordia permanece prácticamente aislada durante el invierno, cuando las condiciones meteorológicas impiden el ingreso o salida de personal durante varios meses. En ese período, los científicos continúan sus investigaciones en uno de los ambientes más hostiles del planeta, donde el frío extremo forma parte de la rutina diaria.