Setecientos cuatro mil deportados en veintidós meses. La cifra se declara triunfo: más agentes, más presupuesto, más ceremonia. Nadie exhibe la cifra opuesta: cuántos ya cruzaron de regreso. Deportar se ha vuelto un verbo que se repite, no un problema resuelto. El Estado cuenta salidas. La frontera cuenta reingresos.
