Antonio Broto

Ginebra.- Unos 67 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años están desempleados en el mundo, una tasa del 12,4 %, y 257 millones no estudian ni trabajan, un 20 %, indican los nuevos datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que muestran un deterioro del mercado laboral para esas generaciones.

Las cifras del año 2025 suponen un aumento de una décima en la tasa de desempleo juvenil del anterior informe de 2023, cuando el indicador bajó a su mínimo histórico.

Los datos también suponen un aumento de tres décimas en el caso del porcentaje de «ninis» (jóvenes que ni estudian ni trabajan), lo que los expertos de la OIT atribuyen a factores como estancamiento del crecimiento económico o el impacto en el empleo de la inteligencia artificial (IA).

En el anterior informe dibujamos un panorama positivo de unos jóvenes que se beneficiaban de la recuperación tras la crisis de la covid, pero la situación ha cambiado en un contexto de ralentización y tensiones geopolíticas», analizó la directora del Departamento de Empleo y Empresas Sostenibles de la OIT, Sukti Dasgupta.

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La experta alertó de que la tasa de desempleo juvenil ha aumentado mientras la general disminuía ligeramente, y de que la probabilidad de que un joven no tenga empleo es ya cuatro veces mayor que la de un adulto.

La IA impacta en los trabajadores jóvenes

La disrupción tecnológica que ha producido la llegada de la IA tampoco ha beneficiado a este rango de edad, ya que, según la OIT, un 6,1 % de los empleos que actualmente ocupan los jóvenes se encuentran entre los más expuestos por el uso de esas nuevas herramientas.

Hay un descenso de los empleos de cualificación media, principalmente administrativos y de oficina, los que corren más riesgo de ser sustituidos por la IA, y esas ocupaciones han servido tradicionalmente como empleos de entrada al mercado laboral para los jóvenes», indicó Dasgupta en rueda de prensa.

Si desapareciera por completo tan solo un 10 % de los empleos expuestos a la IA, «ello se traduciría en 5,6 millones de jóvenes, principalmente en países de renta alta, en riesgo de desempleo, de un cambio en su puesto de trabajo o de abandonar por completo la población activa», advirtió.

Los efectos que comienza a causar la IA en el mundo laboral pueden explicar en parte que regiones desarrolladas como Europa occidental o América del Norte hayan sido de las que han visto crecer en mayor medida el desempleo, ya que el aumento fue de 0,8 y 1,6 puntos, respectivamente, frente a la media mundial de 0,1 puntos.

Sin embargo, el mayor crecimiento del desempleo, de 1,8 puntos, se dio en el norte de África, que tiene además una de las tasas de paro juvenil más altas del planeta, del 22,6 %, solo superada por la de los Estados Árabes (26,2 %).

Europa occidental se sitúa en tercer lugar, con un 15 %, seguida del este asiático (14,6 %) y el sur de Asia (14,3 %), mientras América Latina y Norteamérica se encuentran por debajo de la media global, con un 11,9 % y un 9,8 %, respectivamente.

Problemas de calidad, no sólo de cantidad

La tasa de desempleo juvenil más baja se da en África subsahariana (8,4 %), aunque la OIT advierte que en esta y otras regiones con economías en desarrollo el desafío es crear suficientes empleos decentes para absorber el crecimiento de la población joven.

En esas zonas, «muchos jóvenes no pueden permitirse permanecer desempleados y, en su lugar, aceptan empleos informales o precarios», destaca la organización, recordando que casi nueve de cada diez trabajadores de entre 15 y 29 años están en la economía informal, lo que limita su acceso a ingresos estables y a protección social.

Las tensiones geopolíticas y el rápido cambio tecnológico están empujando a los países hacia una nueva crisis del empleo juvenil», concluye la OIT, que recomienda medidas para promover el trabajo bien remunerado y con protección social, con el fin de prevenir esta tendencia.

Crear empleos decentes para los jóvenes no es solo un imperativo social, es una de las inversiones más inteligentes que un país puede hacer», subrayó al respecto el director general de la OIT, Gilbert Houngbo.

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