Las autoridades de Rusia admitieron este jueves que la refinería rusa de Orsk (región de Oremburgo), al pie de los Urales y atacada por Ucrania el martes, quedó completamente inoperativa, y se espera que las reparaciones duren hasta medio año.

La planta está completamente detenida. Nos preparamos para el peor escenario. Tendremos que contar con el combustible importado», comunicó en redes sociales el gobernador de Oremburgo, Yevgueni Sólntsev.

El funcionario aclaró que los ataques alcanzaron «infraestructura clave que, de momento, no se puede reparar» debido a que el equipo es importado y que, a causa «de las sanciones, las reparaciones se dilatarán hasta seis meses».

Impacto en combustible en Oremburgo

Esto afecta también a la disponibilidad de combustible en el territorio. Sólntsev aseguró que, de las 287 gasolineras presentes en la región, «el 80 % se encuentran operativas».

La refinería fue atacada por drones la noche del 11 de agosto.

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A últimos de julio, medios internacionales informaron que la refinería de la región de Riazán, al sur de Moscú, había quedado inoperativa tras ataques ucranianos; sin embargo, en este caso las reparaciones tardarían semanas.

También ocurrió un par de días antes con la refinería de Tiumén, a casi dos mil kilómetros de la frontera de Rusia y Ucrania, en Siberia occidental, aunque en su caso se desconoce cuándo reanudaría operaciones.

Ataques y déficit en refinerías rusas

El déficit de combustible. La crisis por falta de combustible comenzó a finales del mes de mayo, tras un recrudecimiento de los ataques ucranianos contra la infraestructura petrolera rusa: primero, depósitos y luego, refinerías.

El déficit, que comenzó en Crimea, se extendió rápidamente por todo el país. A pesar de que las autoridades anunciaron recientemente una estabilización de la situación y de que algunos territorios levantaron restricciones al repostaje, la situación ha vuelto a empeorar en las últimas semanas.

Las autoridades rusas se vieron obligadas a importar gasolina del extranjero. Según la prensa extranjera, el pasado 5 de agosto llegó una partida de gasolina de la India, uno de los principales compradores de crudo ruso.

Esa misma semana, el Gobierno ruso había autorizado la comercialización en territorio nacional de combustible Euro-2, muy por debajo de los estándares de calidad habituales de Euro-5, con la intención de «paliar la escasez en determinadas regiones».

Los expertos avisan que los requisitos de menor calidad para la producción de combustible pueden suponer un riesgo para los propietarios de automóviles con modernos sistemas de control de emisiones y electrónica sofisticada, ya que, al quemarse, este combustible produce compuestos corrosivos que pueden acelerar gravemente el desgaste de la maquinaria.

El estado de las refinerías rusas. Según el portal independiente The Insider, a finales de 2024 el volumen de refinación de petróleo se situó en torno a las 267 millones de toneladas, el nivel más bajo desde 2012, aunque todavía no habían comenzado los ataques ucranianos contra dicha infraestructura.

Se estima que los daños directos a dicha industria superaron en 2025 los 100.000 millones de rublos (1.189 millones de dólares).

Tras la reducción de la capacidad operativa de refinación, las empresas extractoras también se ven obligadas a reducir su producción debido a las restricciones de infraestructura en el transporte y envío de petróleo para la exportación, por las limitaciones de gasoductos, la congestión portuaria, las sanciones internacionales impuestas y los ataques ucranianos, que también afectan a dichas instalaciones.

Las mayores refinerías del país están en Omsk (Gazprom); Kirishi, en la región de Leningrado (Surgutneftegaz); Riazán (Rosneft); Kstovo, en Nizhni Nóvgorod (Lukoil); y Nizhnikamsk, en Tatarstán (Tatneft). Todas en la parte europea del país y todas atacadas en los últimos tres meses. La de Kstovo fue atacada hasta cuatro veces este año.

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