Esta semana inició con el terrible accidente ocurrido en el Malecón en el que un camión carguero de combustibles que transportaba alrededor de diez mil galones, luego de impactar un vehículo por detrás se volcó y se estrelló contra otro, resultando desgraciadamente muertos la profesora que conducía una jeepeta y el chofer del camión; provocando a la vez el derrame del combustible, una gran explosión y un voraz incendio.
Lamentablemente no es la primera vez que un grave accidente involucrando a vehículos de carga sucede en nuestro Malecón, el cual a pesar de ser la más hermosa imagen de nuestra ciudad de Santo Domingo, y que debería ser como antaño su principal espacio de diversión para locales y turistas, no ha podido ser liberado del tránsito de los vehículos de transporte de carga, por la empecinada resistencia de transportistas y dueños de la carga, que no ha podido ser vencida a pesar de la terminación hace tiempo ya de la Circunvalación que rodea a la ciudad, y que se suponía eliminaría este tránsito.
Aunque como muchos denuncian ha habido un incumplimiento reiterado con las ordenanzas municipales que han sido dictadas en los últimos años, lo que no se ha dicho tanto es que las restricciones establecidas están diseñadas de una forma que jamás resolverán este problema, aun en el caso de que se cumplieran cabalmente. Decimos esto porque lo primero es que, la Ordenanza 14-2021 del Ayuntamiento del Distrito Nacional, que se entiende es la más reciente, aunque supuestamente regula la circulación de vehículos de carga en el Malecón, establece medidas demasiado laxas puesto que permite: que se otorguen permisos para vehículos de hasta cinco ejes, los cuales pueden transportar cargas que oscilan entre las 40 y 50 toneladas métricas, lo que a todas luces es demasiado para esa zona, que puedan circular vehículos de carga con permiso entre las 9 de la mañana y las 4 de la tarde, los cuales se expiden con la simple justificación de que el destino de la carga se encuentre ubicado en esta vía, y dispone que circulen sin permiso entre las 8 de la noche y las 6 de la mañana.
En segundo lugar porque se hace difícil para los agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) en el caso de que tuvieran la continua voluntad y firmeza de regular este cumplimiento, poder hacerlo, porque detener a los vehículos para ver si tienen los permisos en el horario permitido ocasionaría atascos, y hacerlo únicamente en el corto tramo horario de la prohibición entre 6:01 a.m. y 8:59 a.m., y entre 4:01 p.m. y 7:59 p.m. requeriría de una eficiente logística y una rigurosa sistematicidad, para que los acostumbrados infractores decidieran respetarla. Y, en tercer lugar, porque la sanción es la correspondiente a una falta grave a la Ley 63-17 de Movilidad y Transporte, una multa de 10 a 20 salarios mínimos del sector público, esto es de entre 100 mil y 200 mil pesos, en el caso de que se impusiera, y de que efectivamente la pagaran.
El transporte de combustibles está altamente regulado en muchos países y territorios como la Unión Europea por constituir mercaderías peligrosas por su inflamabilidad y explosividad, con el objetivo de minimizar riesgos con estrictos protocolos técnicos, que obligan a que los camiones cisterna cumplan con especificaciones técnicas de diseño y homologación, tales como que tengan depósitos fabricados con materiales certificados, sistemas de válvulas de seguridad y cierre automático, dispositivos antiderrame; a que sus conductores tengan una formación obligatoria especializada, a un control periódico de estos vehículos cisterna, y a tener sistemas de trazabilidad y supervisión.
Es obvio que tenemos una débil regulación de la carga y no solo para el Malecón, lugar en el que debe estar terminante prohibida durante el día, teniendo un horario de nocturnidad que inicie a las 10 de la noche y no las 8, y para vehículos de carga compactos, no de hasta 5 ejes, y que no tenemos una regulación para el transporte de combustibles y otros productos peligrosos. Que este trágico hecho acaecido a pocos metros de uno de los más emblemáticos lugares visitados por quienes desean disfrutar del litoral del Mar Caribe pudo haber sido una tragedia todavía mayor, y debería constituir el llamado de atención final para que jamás se repita algo así, haciendo que las autoridades se decidan a remediar las falencias de nuestra normativa, sin sentarse a esperar que nos llegue la próxima tragedia. Esta será una prueba de fuego para el recién designado director del INTRANT.
