Todas las destituciones no son iguales. A veces, antes de quitarlos le sueltan los perros desde el mismo Gobierno: campaña de descrédito para fabricar la causa. Y cuando el decreto ni siquiera ha salido, triturar a alguien no cuesta ni una explicación. Por eso el blanco es siempre el mismo: el outsider sin manada propia que enfrente los ladridos. ¿Será que el verdadero mérito no es ser bueno en el cargo, sino tener quién te cuide antes del “decretazo”?
