Redacción Internacional.- La regla de los cinco minutos se ha convertido en una estrategia sencilla para combatir la procrastinación en las tareas cotidianas. El método consiste en comprometerse a realizar durante apenas cinco minutos una actividad que se ha estado evitando, con el objetivo de reducir la resistencia inicial y facilitar el comienzo.

La propuesta tiene relación con investigaciones psicológicas que señalan que postergar una tarea no siempre responde a una mala organización del tiempo, sino también a las emociones negativas que aparecen antes de empezar, como aburrimiento, ansiedad, inseguridad o incomodidad.

Empezar puede ser la parte más difícil

El psicólogo Timothy Pychyl, de la Universidad de Carleton, ha estudiado durante años la procrastinación y sostiene que esta conducta está estrechamente vinculada con la regulación emocional.

Cuando una obligación genera malestar, posponerla produce un alivio inmediato. Sin embargo, esa sensación puede reforzar el hábito de evitar la tarea cada vez que vuelve a presentarse.

Persona recostada sobre un escritorio con laptop y libros, en una escena asociada a la procrastinación y la falta de motivación
Fuente externa.

La regla de los cinco minutos busca romper ese ciclo reduciendo la exigencia inicial. En lugar de pensar en terminar toda la actividad, la persona se propone trabajar solamente durante un período corto.

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Una investigación realizada en la Universidad de MacEwan, en Canadá, observó que participantes que utilizaron este método realizaron sesiones de trabajo con mayor frecuencia y duración. El estudio tuvo una muestra reducida, por lo que sus resultados deben interpretarse con cautela.

Procrastinar también afecta el bienestar

Otros estudios han relacionado la procrastinación con dificultades para iniciar tareas, controlar las emociones y mantener la atención en objetivos a largo plazo.

Un metanálisis publicado en 2025 encontró además una relación entre la procrastinación y mayores niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos, aunque esto no significa que postergar tareas sea por sí solo la causa directa de estos problemas.

El método puede aplicarse a acciones simples como ordenar una habitación, responder correos, estudiar, hacer ejercicio o comenzar un trabajo pendiente. Una vez transcurridos los cinco minutos, la persona puede detenerse o continuar si ya logró superar la resistencia inicial.

Sin embargo, la técnica no sustituye una adecuada planificación, especialmente cuando existe una carga elevada de trabajo, ni representa una solución única para casos de procrastinación persistente.

Su principal utilidad está en disminuir la dificultad de comenzar: convertir una obligación que parece pesada en una tarea de apenas cinco minutos puede hacer que dar el primer paso resulte más sencillo.

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