Washington. – El cofundador de Microsoft, Bill Gates, advirtió que gobiernos, empresas y sociedades no están preparados para los cambios económicos y sociales que provocará el avance de la inteligencia artificial (IA), especialmente por su impacto sobre el empleo.

En un ensayo publicado este miércoles en su sitio web, Gates describió la transición hacia una economía dominada por la IA como uno de los períodos de mayor turbulencia que podría enfrentar la sociedad y sostuvo que actualmente “no hay ningún plan” para facilitar esa transición.

El empresario señaló que la IA ya tiene capacidad para realizar tareas que antes dependían exclusivamente del razonamiento humano y que su avance será más rápido que el de otras transformaciones tecnológicas.

A diferencia del cambio de la agricultura al trabajo de oficina, que se desarrolló durante varias generaciones, Gates considera que la inteligencia artificial podría transformar sectores completos en aproximadamente una década.

Empleo y sectores bajo presión

Entre las áreas que podrían experimentar mayores cambios, mencionó derecho, atención al cliente, medicina, desarrollo de software y manufactura, además de trabajos físicos que podrían comenzar a ser realizados por robots cada vez más avanzados.

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Gates expresó especial preocupación por los puestos de nivel inicial y medio, debido a que suelen ser las posiciones desde las cuales los trabajadores adquieren experiencia para avanzar profesionalmente.

También advirtió sobre el impacto que la automatización podría tener entre los jóvenes que ingresen al mercado laboral en los próximos años.

A su juicio, cuando los sistemas de IA sean capaces de realizar trabajos prácticamente sin errores y sin supervisión humana, las empresas tendrán fuertes incentivos económicos para sustituir determinadas funciones realizadas actualmente por personas.

El resultado, sostuvo, podría ser una reducción permanente de determinados empleos y no simplemente una pérdida temporal asociada a un ciclo económico.

Impuestos a robots y protección social

Como una de las medidas para enfrentar el problema, Gates volvió a defender la posibilidad de establecer impuestos sobre robots y tecnologías de automatización.

Explicó que el sistema tributario actual puede favorecer la sustitución de trabajadores, debido a que las empresas enfrentan costos asociados a la contratación de personas, mientras pueden contabilizar de manera distinta las inversiones en maquinaria y automatización.

Según Gates, los recursos obtenidos mediante un eventual impuesto podrían utilizarse para financiar programas de capacitación, asistencia a trabajadores desplazados y mecanismos de protección social.

No obstante, reconoció que la medida tendría que diseñarse cuidadosamente para evitar que termine obstaculizando aplicaciones de la IA capaces de mejorar servicios como la medicina o la educación.

El empresario también propuso analizar la creación de categorías de trabajos que deberían mantenerse deliberadamente bajo responsabilidad humana, concepto que denominó “Human Reserved”.

La propuesta busca identificar actividades en las que, aunque técnicamente sea posible utilizar una máquina, existan razones económicas, sociales o éticas para mantener la intervención humana.

Entre los ejemplos se encuentran determinadas labores de cuidado y atención personal, en las que el contacto humano constituye una parte esencial del servicio.

Gates reconoció que esta idea plantea preguntas complejas, como quién determinaría qué trabajos deben quedar reservados para las personas y cómo impedir que las empresas eludan esas restricciones.

Riesgos de seguridad y regulación global

El impacto laboral no es la única preocupación planteada por Gates.

El cofundador de Microsoft advirtió que la IA también puede facilitar fraudes, campañas de desinformación, falsificaciones digitales y ciberataques contra empresas, gobiernos y servicios esenciales.

Mencionó como posibles objetivos hospitales, instituciones financieras, sistemas de agua y redes eléctricas.

También alertó sobre el uso de inteligencia artificial para desarrollar armas autónomas y sobre los riesgos asociados a sistemas capaces de operar con poca o ninguna intervención humana.

Otro de sus motivos de preocupación es el uso de asistentes de IA como sustitutos de las relaciones personales, especialmente entre niños y adolescentes. Gates considera que estos sistemas pueden resultar demasiado cómodos porque responden constantemente al usuario y no necesariamente lo obligan a desarrollar habilidades sociales o enfrentarse a opiniones diferentes.

Cooperación entre Estados Unidos y China

Ante estos riesgos, Gates planteó la necesidad de crear un nuevo marco nacional e internacional para supervisar el desarrollo de la inteligencia artificial.

Consideró especialmente importante que Estados Unidos y China cooperen en la elaboración de reglas comunes, debido al peso de ambos países en el desarrollo de esta tecnología y en las cadenas de suministro relacionadas.

Su propuesta incluye mecanismos internacionales de supervisión y normas compartidas que, según explicó, podrían tomar elementos de los sistemas utilizados para controlar armas nucleares, regular la aviación internacional y proteger la capa de ozono.

Gates sostuvo que el diseño de esas instituciones no puede esperar a que los efectos negativos de la IA obliguen a los gobiernos a actuar en medio de una crisis.

Pese a sus advertencias, el empresario no plantea detener el desarrollo de la inteligencia artificial. Por el contrario, reconoce su potencial para mejorar áreas como la salud, la agricultura y la educación.

Su preocupación central es que los beneficios de la tecnología no queden concentrados en un grupo reducido, mientras los costos recaen sobre trabajadores y comunidades que tengan mayores dificultades para adaptarse.

No hay ningún plan para facilitar la entrada a la era de la IA”, escribió Gates, al insistir en que las decisiones que se adopten ahora determinarán cómo se distribuirán los beneficios y los costos de esta transformación tecnológica.