En apenas cuatro días, Omar Fernández ha enviado dos mensajes que, colocados uno junto al otro, producen una inevitable sensación de zigzag.

El domingo 23 de agosto, según Diario Libre, habló de la necesidad de unir a la oposición y se ofreció incluso como posible puente entre Fuerza del Pueblo y el Partido de la Liberación Dominicana.

Este jueves 27, en elCaribe, el mensaje adquirió otro tono: Fuerza del Pueblo ganará las elecciones de 2028 con los partidos que quieran acompañarla, pero su victoria no depende de que una organización determinada se incorpore a la coalición.

Primero:

«Si se nos hace difícil unir a la oposición, ¡caramba!, da la impresión como de que también se nos haría difícil unir a toda una nación».

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Cuatro días después:

Fuerza del Pueblo ganará y quien no quiera acompañar ese proyecto puede recorrer su propio camino.

¿En qué quedamos?

Las posiciones no son necesariamente incompatibles. Se puede desear una coalición amplia y al mismo tiempo prepararse para competir sin alguno de sus integrantes.

Pero falta claridad.

Y hay una razón adicional para exigirla: el PLD no está sentado esperando que Fuerza del Pueblo decida entre Leonel y Omar.

El PLD también juega.

Y en octubre tendrá una consulta que puede cambiar el tablero.

Octubre

Este dato es fundamental.

El PLD se encamina hacia un proceso interno que puede servir no solamente para medir fuerzas dentro de esa organización, sino para proyectar una figura presidencial propia.

Eso significa que cualquier análisis que reduzca el futuro de la oposición a Leonel Fernández y Omar Fernández corre el riesgo de olvidar al tercer jugador.

El PLD.

Mientras en Fuerza del Pueblo pudiera comenzar una discusión prematura entre el liderazgo presente de Leonel y el futuro político de Omar, el PLD puede aprovechar exactamente esos meses para ordenar su casa, movilizar sus estructuras, celebrar su consulta y colocar un nombre propio en la conversación presidencial.

Y entonces el escenario sería completamente diferente.

El error de creer que el PLD tiene que escoger

Existe una premisa que conviene cuestionar.

¿Por qué tendría el PLD que escoger entre Leonel y Omar?

Puede decidir no escoger a ninguno.

Puede intentar reconstruirse alrededor de su propio candidato.

Después de todo, esa es la lógica natural de cualquier partido que todavía se considere una fuerza con vocación de poder.

La consulta de octubre puede servir precisamente para eso.

Para medir.

Para movilizar.

Para producir noticias.

Para mostrar organización.

Para identificar liderazgos.

Y, especialmente, para proyectar hacia el país una candidatura que permita al PLD decir:

«Nosotros también estamos aquí».

Si consigue hacerlo, cambia completamente la conversación sobre la unidad opositora.

Entonces comprendemos mejor la advertencia de Jerez

Después de las declaraciones de Omar del 23 de agosto, José Manuel Jerez publicó su artículo Omar frente al fruto prohibido: la trampa no es contra Leonel, es contra Fuerza del Pueblo.

Su hipótesis era provocadora.

El acercamiento de determinados sectores peledeístas hacia Omar no tendría necesariamente como propósito convertirlo en presidente.

Podría servir para estimular una contradicción dentro de Fuerza del Pueblo.

Leonel contra Omar.

Padre contra hijo.

Presente contra futuro.

Pero agreguemos ahora otro elemento.

Mientras Fuerza del Pueblo discute Leonel u Omar, el PLD podría estar construyendo una respuesta completamente diferente: ninguno de los dos; nosotros tenemos candidato.

Ahí la estrategia adquiere otra dimensión.

El tiempo puede trabajar para el PLD

Imaginemos la secuencia.

Agosto:

Omar habla de unidad opositora y se ofrece como puente.

Surge inmediatamente la discusión sobre su relación con el PLD y sobre sus eventuales aspiraciones presidenciales.

Aparecen especulaciones sobre Leonel y Omar.

Septiembre:

La conversación continúa.

¿Leonel otra vez?

¿Omar representa la renovación?

¿Puede Omar unir FP y PLD?

¿Aceptaría el PLD a Leonel?

¿Aceptaría Fuerza del Pueblo otro candidato?

Mientras tanto, el PLD prepara octubre.

Y entonces llega su consulta.

Si ese proceso consigue movilización y produce un vencedor claro, el PLD puede salir de octubre con algo que hoy todavía necesita consolidar:

un rostro presidencial.

En ese momento ya no estaríamos hablando solamente de Leonel y Omar.

Tendríamos posiblemente tres polos.

Leonel.

Omar como figura de futuro dentro de FP.

Y el candidato que el PLD logre proyectar.

El PLD necesita demostrar que existe

Después de perder el poder en 2020 y sufrir una reducción electoral considerable, el principal desafío del PLD no es solamente ganar unas elecciones.

Primero tiene que demostrar que continúa siendo políticamente necesario.

Una consulta interna puede servir para eso si está bien organizada.

Puede reactivar estructuras.

Puede devolver entusiasmo a militantes.

Puede producir presencia mediática.

Puede colocar dirigentes en las calles.

Puede presentar propuestas.

Y puede ofrecer a los peledeístas que todavía dudan entre permanecer o marcharse hacia Fuerza del Pueblo una razón para quedarse.

Eso último es fundamental.

Porque la batalla entre FP y PLD no se libra solamente por la Presidencia de 2028.

Se libra ahora mismo por la antigua base peledeísta.

Cada dirigente que abandona el PLD y entra a Fuerza del Pueblo modifica la correlación.

Cada estructura que permanece fortalece la posibilidad de recuperación del PLD.

Por eso octubre importa.

Omar puede convertirse involuntariamente en oxígeno para el PLD

Aquí aparece una paradoja.

Omar habla de la necesidad de unir a la oposición.

Su intención puede ser perfectamente sincera y políticamente razonable.

Pero al colocar públicamente sobre la mesa la necesidad de un entendimiento FP-PLD, contribuye también a devolverle centralidad al PLD.

Porque para que exista un puente hacen falta dos orillas.

Y cada vez que Fuerza del Pueblo plantea públicamente que necesita conversar con el PLD, está reconociendo que el PLD continúa siendo un interlocutor necesario.

Eso puede beneficiar la estrategia peledeísta de cara a octubre.

El PLD puede responder:

Perfecto. Hablemos. Pero primero vamos a medir nuestras propias fuerzas.

Y después de octubre:

Ahora tenemos candidato.

Entonces las condiciones de cualquier negociación cambian.

¿Quién encabeza la coalición?

Omar declaró este jueves que Fuerza del Pueblo será cabeza de una gran coalición opositora.

Pero esa afirmación contiene una premisa que los demás partidos no están obligados a aceptar.

Fuerza del Pueblo puede considerarse llamada a encabezar la oposición.

El PLD puede pensar exactamente lo contrario.

Y si su consulta de octubre produce un candidato que consigue crecer en las encuestas, movilizar las estructuras y recuperar una parte del electorado perdido, tendrá razones para preguntar:

¿Por qué necesariamente tiene que encabezar Fuerza del Pueblo?

Entonces comenzará la verdadera negociación.

No antes.

El peligro para Omar

Y volvemos a Omar.

Tiene 35 años.

En 2028 tendrá 37.

Tiene tiempo.

Muchísimo.

No necesita convertirse ahora en árbitro de una disputa histórica entre Leonel Fernández y Danilo Medina.

Tampoco necesita cargar sobre sus hombros la reunificación de un espacio político que se fracturó por razones anteriores a su actual protagonismo.

Y menos todavía debería permitir que su figura sea utilizada, consciente o inconscientemente, para acelerar una discusión sucesoria dentro de Fuerza del Pueblo precisamente cuando el PLD se prepara para ordenar su propio tablero.

Porque mientras FP discute sobre Omar y Leonel, el PLD puede estar fabricando su candidato.

Después de octubre hablaremos

Quizás esa debería ser la posición más prudente de toda la oposición.

Cada partido debe fortalecerse.

Fuerza del Pueblo debe continuar creciendo.

El PLD debe celebrar su consulta.

Los demás partidos deben organizarse.

Y después habrá tiempo para hablar de coaliciones.

Porque las alianzas electorales serias no se construyen solamente con afectos, resentimientos o recuerdos de un pasado común.

Se construyen sobre correlaciones de fuerza.

¿Quién tiene más votos?

¿Quién posee mayor rechazo?

¿Quién puede crecer?

¿Quién tiene mejor estructura?

¿Quién atrae independientes?

¿Quién puede ganar una segunda vuelta?

¿Quién puede construir mayoría?

Esas preguntas tendrán respuestas más claras después de octubre.

Menos zigzag

Por eso las declaraciones de Omar necesitan ordenarse.

El domingo parecía sostener que unir la oposición era casi una prueba de capacidad para unir posteriormente a la nación.

El jueves sostiene que Fuerza del Pueblo ganará con quienes quieran acompañarla y que su victoria no depende de ninguna organización particular.

Puede existir coherencia entre ambas posiciones.

Pero debe explicarse.

Especialmente ahora.

Porque el PLD observa.

Leonel observa.

Los aspirantes peledeístas observan.

El PRM observa.

Y, sobre todo, los electores observan.

Tres relojes

En realidad, hay tres relojes funcionando simultáneamente.

El reloj de Leonel Fernández, que necesariamente mira hacia 2028.

El reloj de Omar Fernández, que puede mirar mucho más lejos.

Y el reloj del PLD, que tiene una estación inmediata: octubre.

Confundir esos tres tiempos puede conducir a graves errores.

Leonel necesita decidir su estrategia presidencial.

El PLD necesita demostrar que todavía puede producir una candidatura competitiva.

Omar necesita algo mucho más sencillo:

no dejar que nadie le adelante el reloj.

Porque mientras todos hablan de quién debe unir la oposición, puede ocurrir algo perfectamente lógico.

Que el PLD celebre su consulta.

Que salga fortalecido.

Que proyecte un candidato.

Y que entonces responda a quienes le ofrecen un puente:

Muchas gracias. Ahora conversemos de igual a igual.

Ese escenario no puede excluirse.

Por eso la política opositora dominicana no puede analizarse solamente como una disputa entre Leonel y Omar.

Hay un tercer jugador.

Está herido, pero conserva organización, historia, dirigentes y electores.

Se llama Partido de la Liberación Dominicana.

Y tiene una fecha marcada en el calendario:

octubre.

Mientras Fuerza del Pueblo discute quién podría ser su candidato mañana, el PLD puede aprovechar octubre para intentar demostrar que todavía tiene candidato propio.

Y si lo consigue, el tablero de 2028 comenzará a parecerse muy poco al que estamos contemplando hoy.

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