De Tupac a Orlando Martínez: crímenes que desafiaron el paso del tiempo
Crímenes como los de Tupac Shakur y Orlando Martínez destacan por su resolución tardía, mostrando que la justicia puede actuar décadas después.
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Santo Domingo. – El asesinato del rapero estadounidense Tupac Shakur, ocurrido en 1996, volvió a poner en discusión la capacidad de la justicia para perseguir un crimen décadas después de ocurrido.
Casi 30 años más tarde, un jurado declaró culpable a Duane “Keffe D” Davis, exlíder pandillero señalado por su participación en la planificación del ataque. Davis había sido arrestado en 2023, después de años de declaraciones públicas sobre el caso, incluidas las recogidas en un libro publicado en 2019.
Casos dominicanos de larga data
El caso guarda similitudes con algunos procesos de larga duración en República Dominicana, donde también existen investigaciones y condenas relacionadas con hechos ocurridos décadas atrás.
Uno de los ejemplos más conocidos es el asesinato del periodista Orlando Martínez Howley, ocurrido el 17 de marzo de 1975. El crimen permaneció durante años sin una respuesta judicial definitiva, hasta que la investigación avanzó décadas después. En 2000, cuatro hombres fueron condenados a 30 años de prisión por su vinculación con el asesinato.
Otro caso es el de Narciso “Narcisazo” González, desaparecido el 26 de mayo de 1994. Más de tres décadas después, su paradero continúa sin conocerse. En 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró responsable al Estado dominicano por la desaparición forzada y ordenó continuar las investigaciones para establecer lo ocurrido y determinar las responsabilidades correspondientes.

Delitos imprescriptibles en el nuevo Código Penal
La legislación dominicana también contempla ahora la posibilidad de perseguir determinados delitos sin que el paso del tiempo extinga la acción penal. La Ley 74-25, que establece el nuevo Código Penal, incluye entre las infracciones imprescriptibles la desaparición forzada y otros delitos de extrema gravedad.
Los tres casos muestran distintas etapas de una misma realidad: un crimen puede permanecer abierto durante décadas, llegar posteriormente a los tribunales o continuar sin una respuesta penal definitiva.
En el caso de Tupac hubo una acusación casi 30 años después; en el de Orlando Martínez se produjeron condenas 25 años después, mientras que la desaparición de Narcisazo continúa pendiente de esclarecimiento penal.
El paso del tiempo, por tanto, no necesariamente pone punto final a una investigación cuando existen nuevas evidencias o mecanismos legales que permiten continuar la persecución de determinados delitos.
