Para los trabajadores formales suspendidos -que este lunes ya superaban los 500,000- la respuesta es un subsidio salarial de máximo RD$8,500.
El 25 de marzo, con un chasquido de dedos, aparecieron debajo de la alfombra millones de dominicanos que no reúnen por sí mismos lo más básico para vivir. Muchos se enteraron de que una parte importante de sus compatriotas viven con una dotación de 1500 pesos (o algo más) entre transferencias condicionadas y bonos. Son los mismos que algunos ven -a veces con burla y otras con moralismos- apiñándose en una fila para recibir una caja con alimentos navideños.
También se sabe que la cantidad de trabajadores informales supera a la de formales, en un monto de 2,582,790 personas frente a 2,299,153. Con datos de la TSS al 30 de junio de 2019, sabemos que el 37% de los trabajadores formales registrados percibía un salario máximo de RD$11,826, y que el 72% percibía entre esa cifra y RD$23,652, como máximo. Cuando consideramos a formales e informales juntos, en 2017 el 60% percibía ingresos por debajo de los RD$13,500. Encima de esto, sabemos que los salarios reales de hoy pueden comprar un 20% menos de lo que podían adquirir hace 20 años.
Ante la crisis y bajo el título de «Quédate en casa», para la cantidad inmensa de trabajadores informales el Estado considera una suma de RD$5000 mensuales, por dos meses, para poder garantizar el alimento de los hogares, siempre y cuando califiquen dentro del 1.5 millón de hogares contemplados. Para los trabajadores formales suspendidos -que este lunes ya superaban los 500,000- la respuesta es un subsidio salarial de máximo RD$8,500.
Pensemos ahora en que la canasta básica para el 20% más empobrecido está valorada en RD$14,465; que un hogar de cuatro personas con ingresos por debajo de RD$20,528 estaría por debajo de la línea de pobreza general, y con RD$9,452 estaría por debajo de la línea de pobreza extrema.
Ante esta realidad, se puede afirmar que, de manera sistemática y desde antes de esta crisis, la mayoría de la población dominicana simplemente “no llega”. Quienes trabajan de manera regular y registrada, quienes trabajan en la informalidad y quienes ni trabajo tienen, han estado viviendo por debajo de los niveles de consumo básicos e incluso por debajo de la línea de pobreza extrema. Eso explica el alto nivel de endeudamiento, sea bancarizado o con prestamistas informales. Añadamos a esto los costos ligados a servicios básicos como la salud, mercantilizados y condicionados al bolsillo. Las “ayudas” prometidas profundizarán aún más esa realidad, mientras millones ya no disponen de la actividad diaria con que “completaban”, simplemente porque está prohibida.
Dice la canción que “dar solamente aquello que te sobra, nunca fue repartir sino dar limosna”. Una sociedad democrática y libre se basa en derechos fundamentales y distribución justa de la riqueza necesaria para garantizarlos. Así que hay cuestiones mínimas que debemos exigir a la clase política y la clase empresarial, que valen más que mil donativos:
Lo que muchos pensaban que era cosa del pasado sigue latente. Mientras se creía que el asalto a la joyería se planificó en la calle, la mente detrás del golpe operaba desde una celda. Un hecho que vuelve a evidenciar una realidad preocupante: en algunas cárceles no solo se cumplen condenas… también se coordinan delitos. Qué vergüenza.
11 marzo 2026
Omar Fernández argumenta que la falta de indexación del salario exento del ISR reduce el ingreso real de los trabajadores, afectando a 730,000 personas sin aumento de poder adquisitivo.
La ONU ha asistido a siete millones de personas en crisis este año, pero el conflicto en Oriente Medio requiere ampliar la respuesta y buscar más financiación de emergencia.
Fernández recomienda planificar trámites con anticipación para viajes al extranjero, especialmente a Europa, para evitar contratiempos en el verano.