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A dos bandas

A dos bandas
Dunia De Windt

Desde hace años naufragamos políticamente entre dos partidos.  Grupos políticos estos,  que fueron fundados por un líder atípico, genuino  y brillante, en comparación con los hombres y mujeres que hoy habitan en estos.  Si el profesor Bosch tuviera la oportunidad de levantarse de la tumba y ver tan degradante situación en estos partidos y su actuación de cara al país, pediría morir nuevamente, y con toda  la razón.

Sólo hace falta abrir los periódicos o verlos por internet, para uno llenarse de vergüenza ajena frente a la cantaleta diaria de estos políticos con deseos perennes de “solucionar” los problemas más acuciantes de nuestro país, mientras estos problemas nos acorralan cada minuto más. Todos prometen el oro y el moro. Todos serán a partir de las elecciones que vienen si resultan vencedores,  usar su barita mágica para frenar la delincuencia, el narcotráfico y las malas influencias dentro y fuera de sus gobiernos, partidos y país.  Frente a estos ridículos enunciados de cada cuatro años, sólo atinó a preguntarme: porqué no lo hicieron cuando gobernaron, o no sugirieron tal o cual idea a sus gobiernos? No lo entiendo.

No son niños. Hablamos de hombres consciente de todo lo han creado a su alrededor, en lo bueno y lo malo. Y que cuando les tocó gobernar este país, hicieron caso omiso de las denuncias, irregularidades y corrupción que en su momento fueron denunciadas. Al contrario, apoyaron a sus discípulos para que continuarán con su vagabundería dentro y fuera del país, y me refiero al nefasto Mejía.  Ahora con ínfulas de “líder emergente” con ganas de reivindicar sus magnos errores cometidos.

Respecto, a nuestro presidente, un hombre que como profesional tiene sus méritos y logros, en el plano de ser el primer ejecutivo de la nación le ha faltado mucha mano “dura”, para con sus compañeros y ministros de partido frente a escandalosos casos de corrupción. Ha hecho mutis en la mayoría de estas situaciones. Es un presidente ambiguo, que hasta último momento mantuvo a sus seguidores en la incertidumbre de si se reelegía nuevamente o no. Es un perfecto discípulo de Balaguer, más que de Bosch, en todo el sentido de la palabra.

El pueblo dominicano está decepcionado con el devenir de los años, en  la manera en que Fernández ha ejercido su gobierno. Tanto él, como sus ministros cargados de una prepotencia descomunal.

Nuestra actualidad, es que la situación de delincuencia nacional está en aumento, el narcotráfico ha convertido nuestro país en un puente aéreo de aterrizaje, tráfico y comercialización de estupefacientes, (esto desde el año 2000), ocupamos como nación uno de los primeros lugares en el ranking de corrupción gubernamental, tenemos una justicia que es un juguete para jueces, fiscales y abogados,  un país en el que vivir dignamente cuesta un ojo de la cara, porque somos un país caro en todos los aspectos, con una educación pública nefasta y una educación privada abusiva y despiadada en sus precios, seguimos siendo un país sin luz, con poca agua potable y poseemos un Congreso para cortarse las venas. Y como si todo esto no fuera poco, la violencia de género hace mella en nosotros de una manera pasmosa e indolente.   Es decir, no quiero ser pesimista, sino realista, y pienso que estamos viviendo como nación uno de los peores momentos que nos ha tocado vivir.

No obstante,  el año que viene habrá elecciones presidenciales. Un país inmerso en una fuerte crisis económica mundial,  celebrará elecciones con un dispendio millonario de pesos proveniente de un Estado inoperante que bien servirían para solucionar otros males que nos aquejan a todos, pero que para votar, y para que estos “políticos”, sus familias y seguidores puedan llenarse los bolsillos, y a su vez, llenarles la nevera a los ignorantes de esta media isla.

Nos debatimos entre los mismos partidos de siempre, partidos y políticos: prostituidos, desgastados y con una larga mancha a sus espaldas que limpiar.  Los dominicanos parecen sólo ver estas dos únicas opciones, Mejía y Danilo. Uno, probada de sobra su ineficacia, sinvergüencería y desfachatez gubernamental.  Sólo en un país sin principios, ni valores, un hombre como Mejía tiene el descaro de presentarte nuevamente para dirigir un país,  seguido de los mismos personajes oscuros de su  desgraciado pasado.  El otro, un “tímido” compañerito de partido, encogido, y con poco carisma, que tiene una larga mancha que debe borrar para que este pueblo decepcionado pueda tomarlo en cuenta.

También, existen un par de interesantísimas opciones en el mercado electoral del país. Es importante conocer a estos hombres y darles oportunidad. Necesitamos líderes nuevos, sin manchas.  Personajes a los que no se les abrirá un hueco en este momento pero ellos continuarán su  lucha de cara a los próximos años.

En ese sentido,  el pueblo dominicano,  falto de memoria a lo largo de su historia,  desea seguir revolcándose  en el mismo estiércol político de siempre.

Para la vergüenza no hay límites…………………….

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