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A EE.UU. le va bien con Cuba y sus amigos

A EE.UU. le va bien con Cuba y sus amigos
Tony Perez

Pese a los pesares, sigo admirando a Barack Obama. Creo que merece otro período, a partir de 2012. Durante su campaña que lo llevó a la presidencia de Estados Unidos, en 2008, en honor a él designé Obama al Rottweiler, uno de mis perros queridos: imponente, recio y medio necio, pero inteligente, carismático y juguetón hasta empalagar.

Sin olvidarme de su condición de gringo, quiero creer que sueña con un mundo en paz, más equitativo, enemigo de la explotación inmisericorde de los de abajo, del racismo, la xenofobia y cualquier versión de terrorismo y de atentado contra la dignidad humana. Un mundo donde el negocio de las armas no mate a los seres vivos ni provoque tanta hambre. Según la ONU, 24,000 personas mueren cada día por falta de comida (75 por ciento niños y niñas menores de cinco meses), y 800 millones sufren de hambre; mientras cada minuto mueren al menos dos personas a causa de algún tipo de arma. En opinión de Marcos Colussi, el gasto en la industria bélica ronda los 32,000 dólares por segundo.

Creo que el establishment lo amarra mucho porque en este país del norte de América los presidentes no son tan presidentes como aquí. Aun así, la esperanza me acompaña. Y, por favor, no me llamen estúpido.

Pese a los pesares, sigo admirando a Fidel Castro. Y en menor medida a Chávez, Lula, Correa, Cristina, Evo, Hugo. Desde una perspectiva diferente a la de Obama –pienso–, cada uno sueña con una América educada, saludable, feliz y sin el bochorno de la pobreza encima.

De la Cuba de Fidel no me gustan algunas cosas; ejemplo: los bajos salarios de los profesionales, los cambios de moneda, los boletos aéreos y la pesada sensación de vigilancia que se adueña de uno cuando visita la tierra martiana. Quizás sea pura aprehensión causada por mi socialización en un sistema diferente.

Pero me gusta el envidiable esfuerzo que han hecho allí con la educación, la salud y los deportes en todos los niveles, reconocido por hasta por Estados Unidos. Y me gustan los niveles de seguridad ciudadana en La Habana, lo que más conozco del territorio caimán. Con el crecimiento del turismo, innegable que algo de droga y criminalidad tienen. Mas eso no es problema mayor. La confrontación ideológica entre los cubanos, ese país se ha ganado el respeto del mundo y no merece un bloqueo inhumano que comenzó hace medio siglo con Kennedy.

Cuba no es un peligro para Estados Unidos. No creo que tampoco lo sean Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia, Uruguay. Todo lo contrario: para mí, ellos constituyen el mejor blindaje que ha podido tener el imperio en toda su historia. Me parece que esos países del continente y del Caribe, en la coyuntura actual, no son sembradores de terrorismo, ni de crimen organizado, ni de narcotráfico, ni de ningún tipo de discriminación, que son los grandes dolores de cabeza para Washington.

Desde mi analfabetismo en alta política, me luce que el Departamento de Estado sobreactúa mucho con América y el Caribe cuando la coyuntura regional e internacional le manda a un acercamiento sincero, práctico, constructivo.

La más reciente votación en la ONU (186-2, con cinco abstenciones) no es ni por asomo tan impactante como el esfuerzo que hacen las naciones mencionadas por erradicar la pobreza, el analfabetismo y las enfermedades; por bloquearle los caminos al narcotráfico, el terrorismo y al crimen organizado, por desarrollar la ciencia y la tecnología y evitar las migraciones por hambre. Y eso debería encantarle al coloso.

Por el bien de América, a Estados Unidos le convendría un matrimonio con Cuba y sus amigos, respetando las diferencias, como garantiza la democracia estadounidense y sin descontar que “Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”. Sueño con las América y el Caribe en un matrimonio eterno donde prime la hermandad y la justicia social, y donde la pobreza y analfabetismo no sean la bandera. .

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