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A los pendejos (con cariño)

A los pendejos (con cariño)
Juan Taveras Hernández

Los pendejos, sumados uno por uno, suman millones, aquí y en el resto del mundo.

Los pendejos, actuando individualmente, se convierten en presas fáciles de dominar y llenar de espanto, porque un pendejo no es más que eso, un pendejo, incapaz de reaccionar ante la humillación de que es objeto permanentemente.

Un pendejo enajenado culturalmente, que no sabe quién es, que no se conoce a sí mismo, no podrá liberarse del yugo  que lo condena al ostracismo más abyecto y desarmado.

Entre la bachata embrutecedora, el aguardiente que emborracha y aturde la pobreza, hay todo un mundo de dolor ensangrentado que pueblan los pendejos.

Para los pendejos no hay educación, ni salud. Por eso son pendejos.

Para los pendejos no hay salarios decentes, ni pensiones dignas. Por algo son pendejos.

Para los pendejos no hay viviendas que les devuelvan su condición humana más elemental. No en balde son tan pendejos.

(Hay que ser muy pendejo, pero demasiado, para votar cada cuatro o cada dos años por la misma gente que promete y no cumple, que miente, roba,  mata, y empobrece al pueblo)

Conociendo su miedo, su temor a la represión, la cárcel y la muerte, los gobiernos abusan del pendejo. Lo manipula, lo extorsiona, lo chantajea y lo envuelve en un manto de mentira y locura a través de los medios de comunicación.

Un pueblo ignorante y hambriento, embrutecido por la radio y la televisión, las telenovelas y el estúpido cine criollo, no encuentra el camino hacia su liberación. De algún modo está condenado al pendejismo, que parece ser una categoría histórica en la República Dominicana.

Los pendejos bailan y ríen en la calle. Aplauden, saltan y ríen cuando llega la luz después de horas de apagones financieros. ¡Qué pendejos!

Los pendejos disipan sus penas en los estadios de béisbol, en los colmadones y los prostíbulos.

Los pendejos juegan su suerte en las bancas de cada esquina sin saber que siempre perderán.

Para los pendejos hay más bancas que escuelas y hospitales.

El narco y el micro tráfico han llegado hasta los barrios para llevarle muerte y desolación a los pendejos. (Drogados hasta el delirio no podrán liberarse nunca)

Para los pendejos las migajas del robo y la corrupción en el Estado que enriquece a dirigentes políticos y funcionarios. (La miseria de los pendejos es la riqueza de muchos políticos ladrones).

Mientras los pendejos sigan actuando y pensando individualmente,  y no colectiva y masivamente, serán pendejos toda su vida, igual que sus hijos.  El pendejismo es una herencia maldita y fecunda.

Solo cuando los pendejos hagan conciencia de su condición de pendejos y  decidan organizarse en todos los rincones del territorio nacional para iniciar una lucha, dirigida por ellos mismos (los pendejos); entonces, y solo entonces, podrán dejar de ser pendejos, podrán liberarse del miedo y la explotación salvaje que los condena a la pobreza eterna.

¡Si los pendejos se unen, y luchan, dejaran de ser pendejos!

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