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A pesar de los malos presagios

A pesar de los malos presagios
Marisol Vicens Bello

Contrario a los vaticinios de  voces interesadas que buscaban forzar una nueva reforma a la Constitución so pretexto de unificar las elecciones municipales con las presidenciales augurando  calamidades para justificar su  propósito de reforma con fines reeleccionistas, el próximo domingo  se celebrarán las elecciones municipales, las segundas que se celebran en el país únicamente para ese nivel desde el año 1968, y afortunadamente ninguno de los presagios alarmantes de que no era factible hacerlo porque los plazos no darían para que el Tribunal Superior Electoral resolviera los conflictos por candidaturas, o para que la Junta Central Electoral  las organizara, se cumplieron.

Independientemente de cuál sea el resultado,  su sola celebración es un hecho positivo porque no se debilitó aún más nuestra institucionalidad modificando nuevamente la Constitución, porque forzó concentrar la atención en los gobiernos locales que aunque internacionalmente tienen una altísima importancia por ser los más cercanos a la gente, en nuestro país el gobierno central los ha debilitado grandemente arrebatándole competencias y apropiándose de los recursos que por ley les corresponden, y los partidos políticos gracias al arrastre de las elecciones presidenciales y a las políticas clientelares, han colocado en la mayoría de los municipios dirigentes sin condiciones o personajes de la farándula que han vilipendiado el importante poder municipal.

Estas elecciones municipales han puesto en evidencia que ni siquiera la mayoría de los candidatos  están conscientes de cuáles son actualmente las  competencias propias de los ayuntamientos o fingen no estarlo para hacer falsas promesas, las que ley tras ley han sido mermadas y fragmentadas entre diversas instituciones del gobierno central como sucede con el tránsito y el transporte público y que seguirán siéndolo  si no tomamos conciencia como pretenden hacer ahora con el proyecto de  ley del cuerpo de bomberos.

A pesar de que la Constitución de 2010 quiso corregir esta situación ordenando en su artículo 204 la transferencia de recursos y competencias desde el gobierno central a los locales, las autoridades no solo han incumplido ese mandato, sino que han actuado directamente en contra del mismo.

Durante mucho tiempo esto sucedió sin que la mayoría de los actores sociales hiciera una real oposición, pues la calidad de las autoridades municipales que habían impuesto los partidos era tan mala, que los ayuntamientos no tuvieron quien los defendiera, y entelequias que deberían desaparecer como la Liga Municipal han sido cómplices, pues el único interés de sus dirigentes ha sido procurar beneficios para ellos y su clientela.

Afortunadamente el hecho de que en las elecciones de 2016 lograran la victoria en algunas plazas importantes como el Distrito Nacional candidatos que han devuelto la dignidad al cargo de alcalde, ha despertado el interés de participar y ha hecho aprender o recordar que la principal autoridad de una ciudad es este y que sus problemas medulares no podrán resolverse bajo la actual dispersión y desnaturalización de roles. .

Estas elecciones separadas deben dejarnos como lección que si queremos mejores ciudades y comunidades no solo debemos elegir los mejores candidatos sino reclamar descentralización para que tengan las competencias y los recursos necesarios para afrontar razonablemente las múltiples necesidades.

A pesar de los malos presagios estas elecciones municipales serán un ensayo previo a las presidenciales y congresuales que permitirá  a  los ciudadanos conocer  mejor las  nuevas leyes de partidos y electoral y exigir su cumplimiento, poner a prueba el accionar de las autoridades, comprender que los videos y los audios desnudan los hechos delictivos pero que debemos activar los mecanismos legales para que no queden impunes, y la ocasión para que hagamos entender a los gobernantes  que vivir en democracia es mucho más que poder votar, es poder tener la capacidad de hacerlo libre y voluntariamente, sin que las amenazas, los sobornos, la movilización de electores y el uso clientelar de los recursos del Estado profanen su esencia.

 

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