Domingo, 16 de febrero, 2020

Adulto-centrismo: opresión olvidada

Adulto-centrismo: opresión olvidada
Narciso Isa Conde

El sujeto infantil-juvenil (niños, niñas, jóvenes de ambos sexos) es víctima de una de las opresiones más antigua, más olvidada y menos conocida en sus esencias: el adulto-centrismo.

Las sociedades en las cuales, a lo largo de la historia,  la persona adulta ha tenido y tiene un puesto o jerarquía  superior a las personas más jóvenes y a sus componentes infantiles, han sido normadas por lo que las ciencias sociales hoy denominan adulto-centrismo.

Así como el patriarcado ha impuesto a lo largo de la historia la idea de que una mujer pertenece del varón con quien contrae matrimonio, esta vertiente del sistema de dominación ha establecido que los niños, niñas y adolescentes pertenecen a las personas adultas que se encuentran a su cargo.

Y cuando esto sucede casi siempre esa persona adulta termina dirigiendo la vida del pequeño o la pequeña, sus gustos, sus emociones, su forma de vestir y de pensar.

Pero además, las pautas que marcan predominantemente la vida infantil-juvenil, no son diseñadas únicamente desde los hogares (por los padres y las madres), sino que también a nivel nacional  por el Estado, las religiones, la política, los sistemas educativos públicos y privados y, en fin, determinados por la cultura e ideología de la clase dominante.

En palabras de Dina Krauskopf “el adulto-centrismo es la categoría pre-moderna y moderna “que designa en nuestras sociedades una relación asimétrica y tensional de poder entre los adultos (+) y los jóvenes (-)… Esta visión del mundo está montada sobre un universo simbólico y un orden de valores propio de la concepción patriarcal” (Arévalo, 996:46, 44).

El adulto-centrismo se sustenta en el patriarcado, en tanto el adulto macho se constituye en centro de toda la organización social y de su clase dominante, estableciéndose las siguientes escalas de discriminaciones:

– Los hombres están sobre las mujeres.

– Las personas adultas se hallan sobre las más jóvenes.

– Los y las jóvenes están por encima de los niños y las niñas.

– Los niños se encuentran por encima de las niñas.

– Los niños y las niñas de mayor se sitúan por encima de los niños y las niñas de menor edad.

Esto ha acontecido en todas las formaciones económicas y sociales, y pasa -con renovadas energías opresoras- en el capitalismo y el sistema imperialista actual, que lo hace funcional a su reproducción y lo incorpora a su infernal maquinaria de ganancias y acumulación de capital en detrimento de las necesidades humanas y los anhelos históricos de felicidad colectiva.

El adulto-centrismo -además de relacionarse íntimamente con el machismo- confluye con otras modalidades de opresión, explotación y dominación: de clase, racista, militar, colonialista,  xenofóbica, homofóbica y ecocida

Ellas incluso lo potencian hasta niveles de crueldad como puede constatarse con solo voltear la mirada hacia las atrocidades cometidas en nuestra América, en África y Asia por las huestes conquistadoras y colonizadoras de los imperios y monarquías españolas, inglesas, belgas, francesas, holandesas, rusas… y las practicas nefastas de los imperialismos de la modernidad y post-modernidad, entre los cuales EEUU sigue rompiendo record, ahora con Donald Trump y el neofascismo a la cabeza.

Por tanto, entre las causas fundamentales  de la  tragedia infantil-juvenil, histórica y actual, hay que ubicar la cultura dominante que sitúa a los/as adultos/as, y sobre todo al adulto masculino, capitalista, blanco-racista, conquistador, colonizador, depredador de la naturaleza –su Estado, sus armas, sus partidos, sus escuelas y universidades y sus empresas- como el centro multi-opresor de la dominación planetaria.

Esto implica una supremacía adulta abusiva, una dictadura de los mayores contra infantes, adolecentes y jóvenes… de funestas consecuencias, incluso al interior de no pocas  familias en las que el amor de padre, madre y familiares -en diferentes grados y variadas mezclas según los casos- se combinan, entrecruzan y degradan con el ejercicio del control despóticos, la negación de derechos, el maltrato físico y psicológico, menosprecio, la  discriminación, el abandono, la explotación y la reproducción de la ideología dominante de una generación a otra.

  • Modalidades de relación del adulto-centrismo con otras opresiones y discriminaciones.

Esa realidad, a su vez, es inseparable de las consecuencias empobrecedoras de la dominación de clase, de los efectos aberrantes de la discriminación machista impuesta desde que se nace, de las discriminaciones raciales, de los dogmas religiosos reciclados, de la opresión nacional y colonización a cargo de las metrópolis imperialistas, de la deuda ambiental que se ensaña contra las nuevas generaciones que las sufren y de la negación de la libertad de opción sexual y el maltrato a inmigrantes.

Todas estas opresiones-discriminaciones –con diferentes características, efectos, intensidades, dimensiones y grados de violencia- se amalgaman con el adulto-centrismo para generar traumas  infantiles y juveniles variados según el tipo de sumatorias de abusos.

Así se registran numerosos casos de paternidad irresponsable, embarazos de menores, acoso a menores, pedofilia, atropellos a homosexuales, explotación infantil, separaciones con cargas desiguales o dictaduras masculinas contra la pareja  y sus descendencias; para provocar incluso grados de deshumanización espeluznante, incluida torturas infantiles e infanticidios estremecedores.

El adulto-centrismo opera, como el machismo y el racismo, al interior de todas las clases sociales, incluyendo las más encumbradas. Claro, con grados y modalidades diferentes.

A mayores sumas de discriminaciones, peores situaciones. De manera que ser niña, pobre o pobrísima, negra, india, mulata, amarilla… del llamado tercer y cuarto mundo, migrantes, de territorios depredados o zonas de altos riegos, con creencia o religiones discriminadas, con tendencia gay, es mucho más grave y más dramático que otras combinaciones parciales o que solo de sufrir los efectos de la discriminación infantil o juvenil a beneficio de los adultos y adultas.

  • El adulto-centrismo daña y traumatiza.

Esto sin menospreciar los graves daños implícitos en la negación de los derechos infantiles y juveniles, que se expresa en hogares y escuelas en cosas aparentemente tan sencillas como las “pelas”, los castigos corporales, la negación del derecho a la palabra (“¡cállate muchacho/a de mierda!,” “los muchachos hablan cuando las gallinas mean”, “primero pónganse grande para que pueda opinar sobre eso”…), las burlas por problemas físicos, los insultos por ser supuestamente “bruto/s”, la imposición de formas de vestir y “lucir”… o solo la combinación de esa discriminación por edades con el hecho de ser fémina o exhibir tendencias homosexuales o transexuales, lo que agrava todo.

La proletarización, la esclavitud asalariada, la precarización del salario, el desempleo, la exclusión social, la marginalidad económica y la depredación ambiental a cargo de la explotación de clase y del sistema capitalista (incluida la opresión nacional, la colonización, las guerras de conquistas y las consecuencias sociales agravadas por el mal llamado subdesarrollo), es, entre todas las opresiones, la más universal y más propia del sistema capitalista planetario, y también la que afecta al mayor número de seres humanos.

Las diversas combinaciones con otras modalidades de opresión y discriminación -además de funcionales al capitalismo y de potenciar la extracción de plusvalía y  el saqueo de recursos naturales en sus diversas etapas, incluida su actual decadencia destructiva- amplían las penurias y sufrimientos de las víctimas del modo de producción, explotación y distribución imperante; y las agravan  en grados diversos.

En casi todas las combinaciones el impacto negativo es muy significativo y desgarrador; y dado, por ejemplo, el peso del machismo y del racismo a escala mundial,  ambos gravitan dramáticamente sobre sectores muy vastos de la sociedad humana.

Por eso, lo más certero es tratar las diversas opresiones y discriminaciones -incluida la que alimenta trágicamente al adulto-centrismo– en su inter-relación con la demás y muy especialmente con el dominio de clase y las característica de capitalismo-imperialismos de estos tiempos.

Asumir, por tanto y en consecuencia, la emancipación de la humanidad como suma de rebeldías y liberaciones que habrán de sembrar diversos socialismos hacia la sociedad comunista como asociación de seres humanos libres en toda la extensión de la palabra; no importa edades, sexos, color de piel, preferencias sexuales, incapacidades físicas o mentales identidad cultural…

 

Temas relacionados
Comenta con tú facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *