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¿Alcanzaremos esa democracia?

¿Alcanzaremos esa democracia?
¿Alcanzaremos esa democracia?

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- En el diccionario de la Real Academia Española, la palabra democracia se define como el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado. En otras palabras, la representación del pueblo en el gobierno de una nación, donde exista un equilibrio de voces y partidos que respondan a la diversidad política de la sociedad.

Eso es precisamente lo que acaba de ocurrir en Estados Unidos, donde la cámara de baja nuevamente quedó en manos de la oposición republicana, que también le arrebató a los demócratas el control del Senado. Así, el presidente Barak Obama deberá gobernar sus últimos dos años con un congreso en contra.

Eso es justamente la magia de la democracia, donde un Poder Ejecutivo es de un partido, el Congreso de otro y aun así logran de alguna forma ponerse de acuerdo para el bien colectivo.

Si extrapolamos esa realidad a nuestro país, nos damos cuenta que solo un partido tiene la voz cantante y se hace lo que se dicte desde el Palacio Nacional, porque ambas cámaras son dominadas por el partido de gobierno. En el senado solo un legislador es de otra organización política.

Esto le da una ventaja absoluta, para “hacer y deshacer”, sin mayores obstáculos, aprobar proyectos sin preocuparse de una oposición, que dicho sea de paso aparenta ser inexistente cuando de críticas se trata. Están más distraídos con sus rebatiñas internas que mirando hacia las elecciones de 2016, cuando todos los escaños del congreso y los ayuntamientos estarán disponibles para una posible renovación política.

Para lograr esa transformación que fortalezca lo que llamamos democracia y no sigamos con un gobierno y congreso homogéneo, los votantes tienen que tomar conciencia de su rol, tienen que empoderarse para conseguir esa diversidad en el congreso. De esta se logrará que sea realmente representativo de lo que es la sociedad dominicana, donde se escuchen voces que no siempre le den un SI al presidente, donde las decisiones sean el fruto de un diálogo entre organizaciones políticas y donde se atrevan a contradecir a la corriente mayoritaria sin temor a las amonestaciones partidarias.

Si se logra, los cuantiosos recursos que se le dan a los partidos políticos tendrán razón de ser, de lo contrario seguiremos arrastrando los lastres del pasado que han empañado nuestro desarrollo en términos democráticos.

La sociedad tiene que exigir respeto a la institucionalidad y rechazar el dañino clientelismo. A los propios partidos corresponde preocuparse por actuar con integridad, en beneficio de la democracia y de la credibilidad que deben tener frente a los electores.

 

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