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Anna Broinowski, primera occidental con acceso para filmar documental sobre Corea del Norte en ese país

Anna Broinowski, primera occidental con acceso para filmar documental sobre Corea del Norte en ese país
Anna Broinowski, primera occidental con acceso para filmar documental sobre Corea del Norte en ese país
Anna Broinowski (Fuente externa)

Anna Broinowski (Fuente externa)

BARCELONA.- La cineasta australiana Anna Broinowski, la primera occidental en tener total acceso a la industria cinematográfica de Corea del Norte, reivindica el poder del arte para “dar la vuelta a la propaganda”, objetivo que persigue con su documental “Aim High in Creation”.

“El arte, el cine o el documental pueden ser lo que tu quieras que sean. Yo hago documentales porque quiero usar el arte como un arma para darle la vuelta a la propaganda”, explica Anna Broinowski en una entrevista con Efe durante su visita a España para impartir un taller antipropaganda en el Atlántida Film Fest, en Barcelona.

Ante la pregunta de si se considera una activista, la directora australiana responde que es “una propagandista”, suelta una carcajada y protesta: “reivindico esta palabra, ¡no creo que la propaganda sea mala!”, aunque se apresura a matizar que hay propaganda buena, propaganda mala y una zona gris intermedia.

Su objetivo con el documental es que los occidentales dejen de “ver como robots” a los norcoreanos y de “deshumanizarlos”, porque, de lo contrario, “será más fácil que acabemos por consentir que los americanos vayan a destruir Corea. Es lo que hicieron con Irak”, advierte, con el semblante muy grave.

Todo comenzó cuando cayó en sus manos el manual “El cine y la dirección”, del Líder Supremo de Corea del Norte, Kim Jong Il, fallecido en diciembre de 2011, donde oscila entre el odio al capitalismo y el amor por la forma de contar historias de Hollywood.

Mientras, en Sidney, una multinacional levantaba una planta de gas en mitad de un parque. Para detener lo que consideraba una agresión al medio ambiente, se le ocurrió recabar apoyos en sus conciudadanos con una película. Y se propuso aprender de los maestros de la propaganda: los norcoreanos.

La cinta resultante alterna el corto con el que debe “educar” a los ciudadanos de Sidney, e imágenes del “making off” con las enseñanzas de los coreanos, a través de las que se conoce el país.

No fue sencillo persuadir al gobierno coreano de que “realmente quería hacer una película sobre sus cineastas, que no era solo una excusa para hacer una película más sobre gulags, lavado de cerebro, y hambrunas. Era una idea completamente nueva para ellos”, recuerda.

Los pocos documentales que existen sobre Corea del Norte los han grabado periodistas que entran en el país como turistas, con cámaras de mano o incluso ocultas; pero Broinowski quería rodar “con un gran equipo de filmación y sin mentir”, para lo que “necesitaba su completa cooperación”, se justifica.

Pero lo cierto es que, igual que en su anterior producción “Forbidden Lies” (Mentiras prohibidas, en español), su motivación era política y de “generar debate”, reconoce.

“Les gustó mi causa antigasista porque se ajusta a los objetivos del líder”, relata Broinowski. Tras dos años, consiguió “acceso completo” y grabó incluso a más lugares de los que se propuso en un inicio, si bien le vetaron imágenes en las que aparecía un enfermo y débil Kim Jong Il.

Sin embargo, “en ningún momento hablamos del capitalismo como el mal, sino del gas como el mal”, puntualiza. “El documental es sobre cómo los norcoreanos se manipulan unos a otros con el cine y cómo nosotros también somos manipulados”, aclara.

“Sí, creo que hay cosas horribles del capitalismo. Horribles, horribles”, repite, como el calentamiento global o el consumismo y opina que “no podemos sostener este sistema mucho tiempo más”.

“No creo que las sanciones económicas, en las políticas de riesgo calculado, la competencia nuclear, la militarización… solo acaban en derramamiento de sangre”, denuncia la directora, y a continuación matiza: “pero tampoco estoy diciendo que Corea del Norte sea genial”.

No obstante, el antiimperialismo “es el contexto en el que hago el corto”, admite cuando se le recuerda la voz en “off” que al acabar el documental recuerda: “esta es una historia sobre vencer al capitalismo”.

“Pero es tan obvio… el final es estúpido, ¡no es una pieza maestra!”, se defiende, y es que, confiesa riendo: “hay mucha gente, incluso periodistas, que no han entendido nada”.

En cambio, “la manera de abrir Corea del Norte al mundo, sin acabar con ninguna vida, es a través del conocimiento, diplomacia cultural, intercambio cultural, construir puentes, concienciar… pero eso tiene que hacerse paso a paso”, concluye Broinowski.

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