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Sábado 26 de septiembre, 2020
Covid-19 en República Dominicana
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Ante un hecho insólito

SANTO DOMINGO.- Lo acontecido este domingo en Puerto Plata con la aglomeración multitudinaria en torno a un peregrino que promete salvar al país de la amenaza del coronavirus ha dejado estremecidos y sin respuestas entendibles y razonables a quienes estamos preocupados por la pandemia y tomando muy en serio el reto que esto significa para la vida y la estabilidad económica del país.

Es realmente insólito, como se observa en imágenes que se tornaron virales en las redes sociales, que cientos de personas, muchas de ellas sin mascarillas y guantes, desafiaran el llamado al distanciamiento social hecho por las autoridades, como algo crucial para evitar contagios del mortal Covid-19.

Esto ha obligado a las autoridades a imponer un cerco sanitario que incluye el reforzamiento de la vigilancia militar y policial para limitar la movilidad en esa demarcación y ha obligado a Salud Pública a declarar una emergencia epidemiológica, luego de que ninguna autoridad competente interviniera para evitar que tanta gente se congregara, siguiendo a un peregrino con una cruz a cuestas para colocarla en la playa.

El temor es que tal aglomeración aumentaría los casos y eventualmente provocaría más las muertes, dando al traste con los esfuerzos desplegados para combatir el avance del coronavirus en el país.

Este acto irracional e irresponsable de los participantes, que no meditaron sobre su propio riesgo y el peligro para los demás, es también una desconsideración a los esfuerzos de trabajadores que han laborado sin descanso en la primera línea de combate al virus y que también están expuestos a contagios.

Constituye también un acto indolente frente al drama que viven pacientes en estado crítico por la enfermedad, como se observan en sobrecogedoras imágenes y desgarradores testimonios recogidos esta noche en El Informe en unidades de cuidados intensivos destinadas a pacientes con Covid-19.

¿Cómo se puede actuar con tal grado de insensibilidad, mientras en salas congestionadas, los pacientes se debaten entre la vida y la muerte, estando intubados y conectados a ventiladores en su lucha contra la terrible enfermedad?

¿Cómo tirar por la borda el trabajo 24 horas al día de los médicos y enfermeras para salvarlos, enfrentándose a una batalla emocionalmente?

¿Cómo se puede ser indiferente frente a los desafíos de estos ángeles de blanco que ponen su vida en riesgo para tratar de salvar de la muerte a tantas personas contagiadas?

¿Cómo lograr que la gente tome en serio la amenaza que enfrentamos y colabore decididamente con el distanciamiento social?

¿Habrá que utilizar mano dura para impedir que el acto insensato de Puerto Plata se repita?

Las autoridades tienen ante sí una gran tarea que podría ser menos complicada si la población colabora, siguiendo los protocolos de cuidado y prevención.

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