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Aquietar las aguas

Aquietar las aguas
Mario Rivadulla

Mediador por excelencia gracias a cuya intervención a lo largo de varias décadas el país pudo solventar crisis políticas y problemas de la mas variada naturaleza, la voz de monseñor Agripino Núñez Collado se deja escuchar nuevamente reclamando que las aguas  retomen su cauce para que el país pueda continuar trabajando sin retroceso.

Para lograrlo es evidente que primero tenemos que aquietar el cada vez más encrespado oleaje del clima de tensión política en que nos estamos desenvolviendo pese a que todavía nos encontramos a casi un año de las elecciones del 2020.    Sin sosiego, imposible lograrlo.

Obvio que la mayor parte de esa atmósfera de zozobra es provocado por la grave crisis interna que afecta al partido de gobierno en escala creciente, cada vez más escindido por la confrontación entre las respectivas corrientes que propugnan la candidatura del ex presidente Leonel Fernández y la que impulsa la del presidente Danilo Medina a la búsqueda de un nuevo período de gobierno.

El nivel a que ha llegado el enfrentamiento entre ambos, la crudeza del lenguaje empleado, las mutuas acusaciones y  reproches y  las posiciones extremas adoptadas por los contendientes van ensanchando más y  más  la brecha que los divide al punto de hacer ilusoria toda posibilidad de reconciliación.

Los últimos duros calificativos con que el vocero de la presidencia se dirige  al ex presidente Fernández, que es de suponer contaron con previo conocimiento y autorización superior antes de ponerlos a circular, dan por sentado que se cierra toda posible vía de avenencia y como hecho consumado la división del partido que fundara Juan Bosch.

 

Al tratarse del partido de gobierno el enfrentamiento interno y la al parecer no declarada aún pero de hecho obvia ruptura sin posibilidades de recomposición, la mayor  agresividad que manifiestan  los contendientes originan más desconcierto y  se refleja de manera negativa en todas las actividades.    La economía se resiente, los ánimos se exaltan, las pasiones se desbordan, los problemas se acumulan y la marcha del país se desacelera.

Es hora ya despejar incógnitas. De levantar los velos de la incertidumbre. De fijar posiciones.  Ya solo queda pendiente que el presidente Medina hable al país y anuncie cual va a ser su decisión.  Aunque muchos dan por sentado que se inclinará por buscar un tercer período de gobierno, tomando en cuenta la agresiva campaña que están llevando a cabo sus más cercanos parciales para lo cual será preciso modificar la Constitución, todavía continúa siendo especulación y manteniendo el país en vilo hasta que no salga de su boca de manera oficial. No hay nada que origine mayor zozobra que la incertidumbre.

De por medio está en juego el interés supremo del país y la necesidad de que las aguas tomen su cauce, tal como reclama monseñor Agripino.  Ya no ahora como experimentado y  exitoso mediador en un problema sin aparente solución como es la a todas luces inevitable fractura del PLD, pero si reflejando la necesidad cada vez más imperiosa de tranquilizar a la ciudadanía, saber en que pie estamos parados y cual es el camino que seguiremos en el futuro.

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