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Así se destapó la cuenta suiza oculta del rey emérito

Así se destapó la cuenta suiza oculta del rey emérito
Así se destapó la cuenta suiza oculta del rey emérito

REDACCIÓN INTERNACIONAL. “Querido Álvaro, salgo antes de una hora para Nueva York y con este vuelo me doy cuenta de que sin darme cuenta me has invitado a muchos más vuelos de los que yo pensaba haber realizado (me habrías podido avisar); siempre nuestra familia ha estado unida desde siglos y yo no puedo olvidar situaciones históricas donde la ayuda fue decisiva, no tengo más que palabras de agradecimiento a tan prolongado gesto.

Bueno, hablando de familia, ¿cómo está la tuya y mi ahijada a la que quiero tanto? Esperando verte pronto. Recibe un fuerte abrazo de tu primo que te quiere y admira. Juanito”.

El 16 de septiembre de 2018, Juan Carlos I envió esta carta manuscrita a Álvaro de Orleans, de 73 años, un primo lejano con el que mantiene una estrecha amistad. La fundación Zagatka, propiedad de Orleans, creada en Liechtenstein y con cuenta en el Credit Suisse, había pagado más de tres millones de euros en decenas de vuelos a Juan Carlos I y a la empresaria y consultora alemana Corinna Larsen en la compañía de jets privados Air Partner.

Dos meses antes de que el rey emérito enviara esta carta se habían hecho públicas las cintas de las conversaciones que el comisario jubilado José Manuel Villarejo mantuvo y grabó con Corinna Larsen en Londres en 2015. En esa grabación Larsen, de 56 años, afirmaba que Orleans pagaba los vuelos privados de Juan Carlos I, le definía como su “testaferro”, acusación que este niega, y acusaba al rey emérito de tener cuentas en Suiza y cobrar comisiones por las obras del AVE a la Meca.

Ese mismo mes de septiembre, Orleans, residente en Mónaco, y otras dos personas a las que señaló Larsen en su conversación con Villarejo estaban ya en el radar de los sabuesos de la Fiscalía del Cantón de Ginebra que dirige Yves Bertossa, hijo del famoso fiscal suizo que persiguió numerosos casos de corrupción.

Registro a orillas el Ródano

Bertossa había bloqueado las cuentas suizas de Álvaro de Orleans, incluida la de la fundación Zagatka, y registrado silenciosamente hasta el último rincón de los despachos en Ginebra del gestor de fondos Arturo Fasana y del abogado Dante Canónica, vinculados ambos a la fundación que pagaba los vuelos privados del anterior jefe del Estado español.

Nadie, salvo los empleados de la gestora de fondos Rhône Gestion, situada en un céntrico edificio pintado de amarillo junto al río Ródano, se enteró del discreto allanamiento de una de las oficinas que esconde más secretos de la ciudad. Ni la secretaria de Fasana, una mujer morena, de pelo corto y perfecto español, ni el resto de los empleados se sorprendieron. El dueño del despacho ya había sido investigado antes por administrar cuentas suizas de Francisco Correa, uno de los implicados en el caso Gürtel, y de la familia Pujol.

Tres de los nombres que Larsen había mencionado en su charla con el comisario jubilado Villarejo estaban ese verano de 2018 bajo la lupa de la Fiscalía suiza que había abierto una causa por blanqueo agravado de capitales tras conocer por la prensa sus acusaciones contra Juan Carlos I.

Carpetazo judicial en Madrid

El 7 de septiembre de 2018, nueve días antes de que el rey emérito escribiera su carta a Orleans, el juez Diego de Egea firmaba un auto en su despacho de la Audiencia Nacional en el que sobreseía provisionalmente la pieza Carol en la que se investigó el contenido de las cintas intervenidas a Villarejo, entonces preso e investigado por numerosos delitos. Dos años después, el actual titular de ese juzgado, Manuel García Castellón, ha reabierto parcialmente la pieza y ha citado en septiembre a Larsen como investigada por un supuesto encargo de esta al comisario jubilado.

El magistrado De Egea y los fiscales Anticorrupción Ignacio Stampa y Miguel Serrano coincidieron en que los indicios aportados por Corinna Larsen en esa conversación eran “notoriamente insuficientes” y destacaron que los hechos que se relataban se habían producido antes de la abdicación real, en junio de 2014, por lo que rey emérito gozaba del privilegio de la inviolabilidad.

El juez De Egea razonó que las acusaciones de Larsen no estaban documentadas. Eran palabras, no había un solo papel. Pero la Fiscalía Anticorrupción anunció entonces que iniciaría una investigación sobre las obras del AVE a la Meca, un megacontrato de 6.500 millones ganado por un consorcio de empresas españolas.

Sorpresa en la banca Mirabaud

Pocos días después de que en Madrid se diera carpetazo a la investigación sobre las supuestas cuentas suizas del rey emérito, en el moderno edificio de cristal de la Fiscalía de Ginebra, a solo cinco minutos en tranvía del centro de la ciudad, Yves Bertossa y sus hombres ordenaban los documentos incautados en el registro de la gestora de Fasana. Y preparaban un nuevo y discreto allanamiento, el de las oficinas en Ginebra de la banca privada Mirabaud. Los papeles que faltaban en España estaban en manos de la justicia helvética.

En los ordenadores de Rhône Gestión habían encontrado documentos sobre la fundación panameña Lucum, cuyo primer beneficiario era el rey emérito y el segundo Felipe VI. Y Lucum tenía abierta una cuenta en el banco presidido entonces por Yves Mirabaud, una entidad especializada en la gestión de grandes patrimonios.

Cuando los agentes judiciales pusieron la lupa sobre la cuenta de Lucum se encontraron con unas cifras que no imaginaban, según reconoce uno de los investigadores. El 8 de agosto de 2008, la cuenta había recibido una transferencia de 100 millones de dólares (al cambio de entonces 65 millones de euros) del Ministerio de Finanzas de Arabia Saudí. El gestor externo de los fondos y el director de la fundación eran Fasana y Canónica, los mismos que en la fundación Zagatka.

Palabra de Fasana

En el banco, los agentes de Bertossa no encontraron un solo documento que justificase el ingreso de los 65 millones de euros, salvo el Know your client (documento que el banco obliga a rellenar al gestor o propietario de la cuenta), en el que Fasana explicó que se trataba de un regalo (gift) del rey de Arabia Saudí Abdalá bin Abdelaziz a Juan Carlos I y que no respondía a contraprestación alguna. El domicilio de la cuenta Lucum era el palacio de la Zarzuela, en Madrid.

Fuente: elpais.com

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