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Autoridad policial disminuida

Autoridad policial disminuida
Rafael Chaljub Mejía

Circula en las redes sociales un video en el que aparece una mujer que en son de rebeldía, responde groseramente a un agente que al parecer la abordaba por alguna infracción a la ley de tránsito. No pude saber el desenlace de la discusión de la mujer amotinada y la autoridad, pero no dudo que esta nueva insolencia haya quedado impune y que el policía, desencantado y ultrajado esté hoy pensando si vale la pena esforzarse por hacer cumplir la ley y no le resulta mejor dejar que la quiebra de la disciplina social y el orden público sigan su curso y que el imperio de la impunidad siga imponiéndose a todos los niveles.

Así, tenemos una autoridad cada vez más débil y disminuida, con una autoestima que debe andar por el suelo y que si a veces es muy dura y abusadora con quienes no lo merecen, no se atreve a hacerle frente con firmeza a los que se le resisten y se le plantan. Ningún policía quiere vivir la mala experiencia de aquel agente que se vio envuelto en un incidente con el sobrino de un ministro, que además de salir arrollado y con una pierna rota, ese policía fue le sancionado disciplinariamente, se dijo.

¿Cuál es el problema? En el video que comento se observa la llegada de una unidad móvil de la Policía Nacional, desde la cual alguien saluda muy atentamente a la mujer deslenguada y se marcha en vez de respaldar al agente que estaba bregando con ella. También se oye cuando la mujer llama a alguien, aparentemente un superior del policía y le dice más o menos: que aquí hay uno de tus animales metiéndose conmigo. Del mero hecho de que aquella engreída tuteara al supuesto superior, se deduce la cercanía entre la mujer y su interlocutor, y siendo así hay que presumir que pese a todo, la ley y su representante una vez más rodaron por el suelo. Luego vi en las mismas redes que esta mujer tiene once multas sin pagar en el Tribunal de Tránsito; de ser cierto, sería una muestra más de cómo andamos, de que esta institucionalidad, vencida por el tráfico de influencia y la impunidad, prohijadas con el mal ejemplo dado desde las alturas del poder, hay que superarla por vía de un cambio político y refundarla de arriba a abajo

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