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“Ayuda, y no mires a Quien”

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

A la mayoría de nosotros nos gusta hacerle favores o ayudar a aquel que sabemos nos puede retribuir o pagar por los mismos, no nos damos cuenta que existen dos refranes que soy muy verdaderos y el primero dice: Una mano lava la otra, y las dos lavan la cara, y el otro dice: Has bien y no mires a quien.

Lo cierto es que la mayoría de las veces nos gusta hacerle favores a los que tiene alguna posición política o aquellos a los que tienen dinero, y los que no tienen nada, como comúnmente se dice que se salven o que se defiendan como puedan, a menudo ni les ofrecemos un favor porque sabemos que cuando necesitemos de ellos no tienen como poder retribuírnoslo.

Yo quiero compartir con todos Ustedes algo que me llego hace unos días, y lleva por título: Un mensaje para Reflexionar.  Y dice así: “Era un día frío, lluvioso y gris. Mientras manejaba su viejo auto por la carretera, Juan divisó a una anciana cuyo vehículo averiado estaba detenido a la orilla del camino. Estaciono su viejo automóvil delante del BMW de la anciana. La señora miró preocupada al hombre que se le acercaba, hacia más de una hora que estaba allí sin conseguir ayuda, pero quien se aproximaba no tenía muy buen aspecto, podría tratarse de un delincuente. Más no había nada que hacer, estaba a su merced. Se veía pobre, hambriento y su ropa estaba rasgada debido a su uso. Juan se dio cuenta e intento tranquilizarla: Vengo para ayudarla señora le, dijo. Entre a su auto, así no se mojara mientras yo veo qué puedo hacer. Solo se trataba de una pinchada en una goma, pero para la anciana se trataba de una situación difícil. Juan se metió bajo el auto buscando un lugar seguro donde poner el cricket para levantar el auto, en la maniobra se lastimó varias veces los nudillos de los dedos. Estaba apretando las ultimas tuercas, cuando la señora bajo la ventana del auto y comenzó a hablar con él. Le contó de donde venia, que tan solo estaba de paso por ahí, que no sabía cómo agradecerle. Juan sonreía mientras cerraba el baúl del automóvil guardando las herramientas. Le preguntó cuánto le debía, pero él no quería dinero. Más bien pensaba que ayudar a alguien en necesidad era la mejor forma de pagar por las veces que a él, a su vez, lo habían ayudado. Así que le dijo a la anciana que si quería pagarle, la mejor forma era que la próxima vez que viera a alguien en necesidad, y estuviera a su alcance el poder de asistirla, lo hiciera de manera desinteresada, y que entonces, solo pensara en él, agrego despidiéndose. Juan esperó hasta que el auto de la anciana se fuera. Había sido un día frío, gris y depresivo, pero se sintió bien, ayudar siempre le daba satisfacción. Entro a su viejo coche y se marcho. Unos kilómetros más adelante la señora divisó una cafetería. Pensó que sería bueno quitarse el frío con una taza de café caliente antes de continuar así que se detuvo. El lugar era diminuto, muy pobre y precario.

Una cortes camarera se le acercó y le extendió una toalla de papel para que se secara su cabello, empapado por la lluvia. Tenía un rostro agradable con una hermosa sonrisa. Aquel tipo de sonrisa que no se borra aunque estuviera muchas horas de pie. La anciana notó que la camarera estaba embarazada. Y sin embargo esto no le hacía cambiar su simpática actitud. Pensó en cómo gente que tenía tan poco, era tan generosa con los extraños. Entonces se acordó de Juan. Al terminar su café pago con cien dólares. Cuando la camarera regreso con el cambio constato que la señora se había ido. Intento alcanzarla, pero al pasar vio en la mesa una servilleta de papel escrita junto a cuatro billetes de cien dólares cada uno. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando leyó la nota. Cuando tuve necesidad, alguien me ayudó como hoy te estoy ayudando. Si quieres pagarme, no dejes de asistir y ser bendición a otros como hoy lo hago contigo. Sigue dando de tu amor y no permitas que nada rompa las bendiciones que sabes dar con tu actitud. Esa noche, ya en su casa, mientras la camarera entraba sigilosamente en la cama, para no despertar a su agotado esposo que debía levantarse muy temprano, pensó en lo que la anciana había hecho por ella. ¿Cómo sabia ella las necesidades que tenían ella y su esposo, los problemas económicos que estaban pasando, máxime ahora con la llegada del bebe? Acercándose suavemente hacia él, para no despertarlo, mientras lo besaba tiernamente, le susurró al oído, todo va a estar bien, te amo; Juan”.

Hay riquezas que solo anidan en el corazón y que son las más importantes, pues podemos brillar a través del dinero, la fama, los títulos, o lo que sea pero la esencia que hace que nuestra luz se expanda es solo la que nace y crece en nuestro corazón.

Ayudar a alguien en necesidad es la mejor forma de pagar por las veces que a mi a su vez me han ayudado.

Termino con el Versículo 34, del Evangelio de San Juan, Capitulo 13 que dice: “Les doy un mandamiento nuevo; ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado,  ámense también ustedes”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para Ustedes.    

 

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Comentarios

Sr. Ray, importante ejemplo de como debemos ser con las demas personas. Esta costumbre está algo olvidada por muchas personas, sobre todo los mas jovenes. Gracias por recordarnoslo. Saludos Carlos
Mucho me gusta su escrito. Hay que hacer el bien en todo momento sin esperar recompensa, la recompensa vendra de Dios. Dios le guarde y lo cuide siempre.
Es muy cierto lo que usted dice. Hay que ayudar a los demas sin mirar a quien es. Hay un refran que dice, con la vara que mides seras medido. Cada cual sera juzgado por sus acciones. Jehova le cuide.

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