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Bajo la espada de Damocles

Bajo la espada de Damocles
Mario Rivadulla

La puesta en vigencia de la ley que dispone la entrega de un cuatro por ciento del PIB para la educación después de un amplio movimiento cívico de demanda, generó las mas promisorias expectativas de cambios sustanciales en el modelo educativo nacional.

Hasta ese momento todos los esfuerzos desplegados en ese sentido no habían logrado elevar la calidad de la enseñanza en el país, puesta en evidencia en las mediciones regionales, donde de manera persistente hemos quedado relegados al último escalón.

Entre los argumentos más empleados para justificar el persistente fracaso docente, el más apelado  era la insuficiente destinación de recursos para el sector educativo con su secuela de carencia de aulas suficientes así como falta de materiales escolares, y consiguiente elevado nivel de ausentismo escolar y frecuente paralización de clases debido a las huelgas de maestros en reclamo de mejores salarios, entre otros males.

La exitosa culminación de la campaña cívica que trajo como consecuencia el cuatro por ciento consignado en el presupuesto a la llegada de Danilo Medina al poder trajo de la mano el Pacto Educativo.  Como primera prioridad se planteó la necesidad de llevar adelante un amplio programa de construcción de nuevas aulas y reparación de las existentes.    Y a renglón seguido, consignado de manera expresa en su segundo artículo, el compromiso, que se entendía sagrado, de no perder un solo día de clases.

Lamentablemente no ha ocurrido así.  En la práctica ha distado de respetarse la vigencia de ese compromiso.  Hoy tenemos muchas más aulas, los maestros han sido favorecidos con aumentos sucesivos de sueldos e incentivos que superan los que reciben quienes realizan la misma labor en el sector privado, convirtiéndose en los mejor retribuidos del sector público donde todavía una gran cantidad de empleados reciben apenas cinco mil pesos mensuales de salario.

Los estudiantes reciben uniformes, materiales de estudio y desayuno escolar, al que se agregan el almuerzo y la merienda en la Tanda Extendida que ya cubre un amplio porcentaje de la matrícula escolar dentro de un programa que alivia la presión que pesa sobre las limitaciones económicas de cientos de miles de familias de bajos ingresos, si bien  todavía requiere del debido aprovechamiento docente del tiempo extra.

Pero… los paros no ya solo en demanda de reivindicaciones laborales, sino por cualquier motivo provocan la suspensión de clases por varios días, a veces semanas.  El artículo dos del Pacto por la Educación sufre así de estos frecuentes y lesivos naufragios, quizás porque estuvo huérfano de establecer previsibles mecanismos de solución de conflictos y sanciones para los que quebrantaran la norma, que desterraran por para siempre la abusada y abusiva práctica de paralizar la docencia.

Con frecuencia se mencionan, por vía de contraste, los avances de otros países en materia educativa que seis o siete décadas atrás se encontraban en el mismo nivel de subdesarrollo que el nuestro, y que han servido de base para impulsar los espectaculares niveles de progreso que han alcanzado.

Como país de referencia se tomaba el ejemplo de Taiwán, donde parece haberse borrado del mapa de la actualidad y de la memoria las estrechas relaciones que por tantos años mantuvo con el país, y los notables aportes y beneficios recibidos durante ese tiempo en las más variadas áreas.  Con un presupuesto educativo que excede varias veces nuestro 4 por ciento, hoy figura entre las doce o trece principales y más solidas economías a mundial y sus más de 22 millones de habitantes disfrutan de un estándar de vida muy superior al grueso de nuestra población.

Ahora, Adriano Miguel Tejada, en la leída sección A.M. del “Diario Libre” agrega otro caso de referencia: el de Corea del Sur.  Al igual que Taiwán inició la carrera décadas atrás corriendo parejo con República

Dominicana. Considerada por su nivel de progreso uno de los llamados “Cuatro Tigres Asiáticos” hace rato llegó a la meta para convertirse en una potencia industrial y económica de rango mundial, mientras nosotros seguimos anclados en el punto de partida.

Ambos, Taiwán y Corea del Sur, cifraron gran parte de su éxito en su ambiciosos y sostenidos programas de enseñanza, asumidos como compromiso de nación. Con dedicación y entrega absoluta del magisterio y firme apoyo del Estado. Sin pérdida de clases, sin huelgas ni suspensión de la docencia.  Aquí, en cambio,  sin haber sido nombrado aún el nuevo titular de Educación, ya la dirigencia de la ADP  hace sonar los tambores de guerra amenazando con  paralizar todas las aulas del país si no se cumplen sus exigencias. Es como su tarjeta de presentación.

Inútil soñar con salir de nuestro obstinado subdesarrollo educativo mientras sobre el sistema  docente nacional penda la amenaza permanente  de esa espada de Damocles.

 

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