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Bekele Geleta: "en 20 años habrá menos sufrimiento en el Cuerno de África"

Bekele Geleta:
Bekele Geleta: "en 20 años habrá menos sufrimiento en el Cuerno de África"

Hambruna en Somalia

Ginebra.- El etíope Bekele Geleta es el secretario general de la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) y conoce bien la grave situación que vive el Cuerno de África, con más de 12 millones de víctimas de la hambruna por la sequía y la guerra en Somalia, pero es optimista sobre el futuro de la región.

“Dentro de 20 años habrá menos sufrimiento. No es un exceso de ambición. No detendremos la sequía, ni las inundaciones, pero podremos parar las muertes. Puede que no podamos acabar con la malnutrición, pero si con las muertes que vemos ahora”, declara.

Geleta compara la situación actual con la que se vivió en la década de 1980, donde sólo en su país murieron de hambre más de un millón de personas a causa de una combinación parecida de factores, una larga sequía y un prolongado y violento conflicto civil.

Echando la vista atrás, destaca que “hoy en día, en Etiopía hay escasez de comida y hay una malnutrición severa, pero el nivel de muertes a resultas de esta situación es mucho más bajo”.

En su opinión, esta mejora es consecuencia de que “los Gobiernos de la región, especialmente Etiopía y Kenia, han hecho un gran esfuerzo para cambiar”, y de que las organizaciones humanitarias también han mejorado sus mecanismos de asistencia internacional.

“Siempre se puede decir que no hemos hecho lo suficiente, pero hemos hecho mucho, tanto nosotros como otras organizaciones. Hay que considerar que la región es pobre y que la pobreza por si misma frena el desarrollo”, argumenta el secretario general.

Geleta rechaza la idea de que no hay esperanza para esa región del mundo y, en particular, para Somalia, país que se desangra desde hace 30 años en una interminable guerra civil.

“Somalia es un país en el que la gente es muy trabajadora, pero este ciclo de tensión política y conflicto continua de manera indefinida. Si a eso se suman las consecuencias de una sequía, el resultado es que el número de afectados se incrementa y más gente tiene que marcharse de su país y convertirse en refugiado”, dijo.

Pero, de nuevo, aparece el optimismo de Geleta: “Somalia lleva 30 años de conflicto. Conozco a muchos somalíes de la diáspora y sé lo que pasa. La gente está sencillamente harta de la situación. No sería una sorpresa que los ciudadanos de a pie empiecen a presionar a favor de la paz. Eso será lo que ponga en marcha el cambio”.

En ese punto, será importante incorporar al pueblo somalí al gran proyecto que Geleta defiende para esa región, el de prevenir nuevas catástrofes humanas a través de la planificación comunitaria con el objetivo de poner fin al círculo vicioso conflicto-sequía-hambre.

“Esto supone cambiar las mentalidades, las actitudes y los modos de vida. Es algo difícil y que lleva tiempo, pero debemos tener en cuenta que es relativamente fácil convencer de un cambio a las personas que han tenido una experiencia de sufrimiento”, afirma.

Bekele Geleta, de 67 años, sabe bien de lo que habla: Ocupa la máxima responsabilidad de la FICR desde 2008, pero hasta llegar a ese puesto ha conocido y padecido esas historias de sufrimiento que son tan frecuentes en su continente.

Nacido y criado en Etiopía, su historia es una de superación personal, que le convirtió hace algo más de tres años en el primer secretario general de la FICR de origen africano.

Miembro de la etnia oromo, que representa el 40 por ciento de la población de Etiopía pero que ha estado históricamente marginada, Geleta superó los prejuicios en su país y en los años 70 salió de la Universidad para convertirse en uno de los máximos responsables de la política de Transporte y Comunicación de su país.

Pero con el golpe de Estado de Mengistu Haile Mariam, que instauró entre 1974 y 1991 un régimen comunista, Geleta cayó en desgracia y fue víctima de la represión y de la tortura, y de un encarcelamiento de 5 años que no le gusta recordar.

Con la caída del régimen fue viceministro, otra vez en la cartera de Transporte y Comunicaciones, y posteriormente fue nombrado embajador en Canadá, puesto que abandonó en 1992 descontento con las nuevas autoridades de su país.

Con 48 años y cuatro hijos, decidió emigrar como refugiado a Canadá, donde trabajó como reponedor en un supermercado, al tiempo que colaboraba desinteresadamente con la Cruz Roja en ese país.

Dirigió el equipo de respuesta de emergencias de la Cruz Roja en ese país y posteriormente fue nombrado responsable de la organización para el sudeste asiático, puesto desde el que coordinó la asistencia a los damnificados por el tsunami de 2004.

Ahora le toca volver a ver el sufrimiento de sus compatriotas y sus vecinos, pero mantiene inalterado el espíritu que le ha hecho llegar hasta un despacho en Ginebra para dirigir una de las instituciones más prestigiosas del mundo: “Nunca hay que rendirse”.

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