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Brutal accionar imperialista aprovechando insuficiencias del “progresismo”

Brutal accionar imperialista aprovechando insuficiencias del “progresismo”
Narciso Isa Conde

La imperiosa  necesidad de enfrentar la brutal contraofensiva  imperialista contra los procesos políticos hacia la nueva independencia de nuestra América no resiste la más minina duda: este tema debe colocarse en el centro del accionar de las fuerzas transformadoras del continente y del mundo.

Y en ese centro, la defensa del proceso hacia la revolución en Venezuela -confrontada a la estrategia de desestabilización, golpe violento e invasión de EEUU- debe ocupar un  lugar señero.

Ahora bien, los perversos logros de ese accionar imperialista-neofascista deben sí mover la reflexión sobre las vulnerabilidades de los procesos emprendidos y las debilidades que han facilitado el contra-ataque imperial en su denominado “patio trasero”.

No es de revolucionarios/as asumir la conducta del avestruz frente a realidades que merecen ser subsidiariamente abordadas, ni respecto a concepciones y actitudes que deben ser superadas.

Los reveses registrados en el campo de la muy diversa oleada de cambios impugnados por los EEUU y aliados, nos convocan también a esa reflexión con el exclusivo interés de que los nuevos resultados de las nuevas resistencias y ofensivas populares posibiliten la superación de esas debilidades.

La declinación de gobiernos denominados progresistas, reformadores, de izquierda o centro-izquierda, la variedad de golpes de Estado regresivos (con o sin cobertura electoral) ya ejecutados en Honduras, Paraguay, Argentina, Ecuador, Perú y Brasil… y los intentos de insurgencias ultra-derechistas violentas en Nicaragua son muy significativos; aunque de ninguna manera equivalen a otro “fin de la historia” ni a una “clausura” de la oleada de cambios iniciada a final del siglo XX y principio del XXI; mucho menos implica el cierre del prolongado ciclo histórico por la nueva independencia y el socialismo que inició en nuestra América el triunfo de la Revolución Cubana.

Ahora, a esa cadena de reveses se suma, luego de los alentadores pero frágiles avances registrados en México, la derrota poco analizada del FMLN en el Salvador; y el reto de los renovados esfuerzos de la reacción mundial por revertir el proceso bolivariano en Venezuela, apuntando también contra con más descaro que antes contra Bolivia, Cuba y Nicaragua.

  • Realidades inocultables.

Cierto que las fuerzas de la contra-reforma y la contra-revolución a cargo del imperialismo occidental encabezado por EEUU han arreciado su contra-ofensiva sin que ello signifique la derrota definitiva del periodo post-neoliberal, aunque  al mismo tiempo se nos presentan nuevos y enormes desafíos respecto a las implicaciones del impulso neofascista que le imprime la administración TRUMP.

Estamos más bien en el curso de una fase de cierta agotamiento, con marcada pérdida de legitimidad popular de una parte de sus productos gubernamentales y estatales, y sus impulsos ascendentes; con variados niveles de desgastes de las fuerzas políticas sustentadoras de esos procesos, que exhibiendo logros importantes en cuanto a reconquista de la independencia, reformas y programas sociales de diversos calados, han obviado transformaciones estructurales a favor de la socialización de la propiedad, de la economía, el poder y la cultura, imprescindibles para desmontar el neoliberalismo y consolidar la soberanía en todos los órdenes..

  • Causas del repliegue imperialista hacia su “patio trasero” y del debilitamiento de los procesos autónomos.

El fortalecimiento y actualización de la contrapartida reaccionaria ha sido una variable manejada por los centros de inteligencia militar, política, psicológica e ideológica del imperialismo occidental hegemonizado por EEUU y sus fuerzas aliadas, con destacada actuación de la inteligencia sionista y sectores neofascistas.

Esto se relaciona con el alto grado de repliegue de EEUU hacia su denominado “patio trasero” en el contexto de los recientes cambios registrados en la geopolítica mundial, evidentemente desfavorables a su pretendida unipolaridad afectada por su pérdida de influencia en Europa Oriental, Medio Oriente y Asia Central.

La unipolaridad de que tanto se habló luego del colapso de la URSS y sus socios del Este Europeo, ha sido reemplazada por una multipolaridad inestable en la que se registra una extraordinaria recuperación militar de Rusia y un repunte de China Popular como potencia militar acompañada de una fuerte tendencia a convertirse en primera potencia económica mundial.

Por su parte, en nuestra América el desgaste de las fuerzas gubernamentales a cargo de los promisorios procesos de cambios emprendidos al finalizar el siglo XX e iniciarse el siglo XXI, ha sido causado tanto por decisiones, límites y fenómenos propios de sus gobiernos y Estados como por factores externos, que combinados y confluyendo, lo han estancado, debilitado, degradado… aumentando a la vez su vulnerabilidad frente a los planes desestabilizadores de factura imperialista.

En el plano de los impactos procedentes del exterior hay que destacar la evolución desfavorable de la crisis global del capitalismo y su permanente manipulación traducida en el descenso dramático de los precios del petróleo, crisis de los “comodities” y reducción de las exportaciones suramericanas hacia China, Rusia e India.

En el orden interno han gravitado negativamente el predominio del reformismo respecto a las transformaciones revolucionarias, la preeminencia de los planes asistencialistas respecto a los cambios estructurales y al imperioso incremento de la capacidad productiva, y los retrasos en la modificación de las relaciones de propiedad y en el traspaso del poder de decisión al pueblo, a sus movimientos y comunidades de base.

No han faltado las distorsiones provocadas por la coexistencia de reformas y programas sociales de corte anti neoliberal con políticas públicas neoliberales en el marco de una prolongada y desgastante cohabitación de una economía de Estado (que tiende a reproducir las viejas prácticas paternalistas, clientelistas y burocrática, y fuertes dosis de corrupción) con el accionar degradante de la gran burguesía financiera, comercial, importadora y delincuente; siempre en detrimento de la economía social y el poder popular y comunitario, incluso en casos donde los cambios constitucionales y legislativo lo favorecen.

Esa coexistencia traumática -con expresiones variadas y diversas por países- han frenado y desnaturalizado la fase post-neoliberal de los cambios y ha ayudado a que la crisis global de un capitalismo usurero, especulador, voraz y destructivo deteriore o reduzca avances alcanzados.

A la continuidad de un capitalismo privado local y trasnacional con fuertes incidencias en esos escenarios nacionales, lumpen imperialismo y lumpen capitalismo en fin de cuentas, le ha acompañado un nefasto poder mediático-ideológico bajo control privado, permanentemente empleado para reproducir anti-valores, alienar y desestabilizar a favor de las contra-reformas; sin que los gobiernos agredidos se hayan decidido a conjurar definitivamente esa afrenta, ampliando a la vez la libertad de información y las posibilidades de debate desde un nuevo modelo de comunicación social.

  • La prisión impuesta a nuevas mayorías electorales por los viejos Estados y agotamiento de los nuevos procesos constituyente.

En el orden institucional una parte de los procesos de cambio se montaron sobre la vieja institucionalidad burguesa y se acomodaron al cerco que ésta impone, sin atreverse a reemplazarlas.

En otros casos se pusieron en marcha procesos constituyentes que introdujeron cambios democratizadores de alta significación, pero que ya presentan señales, más o menos contundentes, de agotamiento. Algo, por ejemplo, que el propio Chávez percibió en Venezuela cuando argumentó sobre la necesidad de un GOLPE DE TIMÓN que traspasara el poder del Estado vigente a las comunas, construyendo un poder popular capaz de “pulverizarlo” políticamente y de abolir el capitalismo.

Dentro de esos contextos no han faltado, en unos casos más en otros menos, con algunas excepciones (¡Uruguay!), los procesos de burocratización y corrupción que erosionan a los gobiernos, partidos y lideres que lo protagonizan o toleran; contribuyendo así a la recuperación de la derecha tradicional y/o a la conformación de nuevas derechas alimentadas por la contra-revolución imperialista que apuesta a reemplazar por cualquier vía todo lo que no esté bajo su absoluto control, no importa su grado reformador.

Vale apuntar aquí que las reformas políticas y sociales esta vez no han sido -como sucedía en tiempos remotos- iniciativas de las elites capitalistas hegemónicas, esencialmente neo-liberales, usureras, militaristas y mafiosas, sino de actores sociales enfrentados desde hace tiempo a esas cúpulas e impulsores del denominado post neoliberalismo.

Actores políticos y sociales que en diversos grados de profundidad -y en algunos casos -acompañado de un interesante discurso anti-capitalista y socialista- se ha quedado a medias; cohabitando con el predominio del gran capital, retrocediendo incluso frente a él; desgastándose por no decidirse a pasar de las reformas estancadas a la revolución social y cultural, y del nacionalismo estatal ambiguo al bolivarianismo y al internacionalismo revolucionario, consecuente, popular…

Obsérvese que la desviación reformista incluye la declinación de la visión internacionalista revolucionaria, la introversión en lo nacional-estatal en casi todos los casos…hasta en el caso de las FARC-EP en los diálogos de paz.

Es significativo como la “vuelta” a variantes de un keynesianismo poco viable dentro del capitalismo financierizado y gansterizado, no ha provenido de los centros de poder de la gran burguesía local y transnacional de estos tiempos, de sus partidos y organizaciones corporativas, sino de opciones políticas sustentadas por sectores de capas medias y facciones liberales-burguesas más débiles, resistentes todos al cambio revolucionario.

  • Un capitalismo in-reformable para mejorías.

Las elites putrefactas del gran capital solo generan contra-reformas armónicas a sus drásticos procesos de acumulación y concentración de poder en todos los órdenes al tiempo que procurar subvertir todo cambio fuera de su control.

La mezcla y superposiciones -compitiendo, enfrentándose y negociando- entre los Estados gerenciados por esas especies de keynesianismo o neo-socialdemocracia y el gran capital privado de la decadente era neoliberal del capitalismo, tiende a bloquear y deformar las reformas sociales y a tragarse las redistribuciones emprendidas; y esto, en medio de la crisis global de un capitalismo altamente especulativo, voraz y destructivo, arropa esa especie de neo-reformismo huérfano de protagonistas y vanguardias política-sociales consistentes, facilitándose así la revancha derechista.

De manera muy original, con este largo rodeo histórico, queda más claro que antes que el capitalismo-imperialismo actual en plena fase de endurecimiento, decadencia y putrefacción, es irreformable: no admite ni soberanía nacional ni popular, ni siquiera reformas sociales keynesianas; al tiempo que tiende a desplazar traumáticamente a los nuevos actores políticos y sociales que intentan hacerlo, cual que sea la timidez o profundidad reformadora puesta en práctica.

En los hechos una parte significativa de  los partidos y movimientos protagonistas de las reformas, enfrentados a los promotores contra-reformas abandonaron, o frenaron progresivamente sus postulados revolucionarios iníciales.

Esta combinación de factores ha determinado el desarrollo de una fase de estancamientos, retrocesos, crisis, vulnerabilidades y decadencia de los llamados cambios post neoliberales cuyos promotores no se decidieron oportunamente a imprimirle a esos procesos una impronta determinantemente anti-imperialista, anti-capitalista, antipatrialcal, revolucionaria, socialista, latino-caribeña, internacionalista. Del desgaste profundo se ha pasado a los golpes consumados y puntos de altos riesgos.

Las expresiones de esos fenómenos de “retrocesos” y sus impactos son tan variados como las características de los diferentes procesos nacionales. Igual los niveles de agotamiento, los riesgos y las posibilidades de sobrevivir sin rupturas a favor las derecha pro imperialistas.

Es obvio también que las fuerzas del gran capital transnacional y local, y las fuerzas políticas e ideológicas afines, han contado- no es el caso de Venezuela y menos el de Cuba- en no pocos casos con medios y poder para volverse a imponer temporalmente desplazando a los regímenes que no controla.

Pero también es evidente que difícilmente logren estabilizar los engendros que esa determinación genera. Esto así porque una cosa son los gobiernos y partidos que logra derrotar y otra lo que todo este ciclo histórico, en particular esta oleada de cambios, ha logrado generar en las bases de estas sociedades.

  • “Cuando va a amanecer la noche se torna más oscura”…

Una ola más profunda y radical que la anterior parece gestarse en el seno de la que declina y de la que sensiblemente debilitada el imperialismo y las derechas intentar revocar en toda su extensión.

Viejos y nuevos actores tienden a radicalizarse, mientras crece la razón de que dentro del capitalismo y su dominación local y global no hay mejorías estables por la vía reformista.

En Venezuela, por ejemplo, el terreno se torna más fértil para la propuesta de un socialismo comunitario, que liquide el capitalismo privado y supere el Estado Burocrático.

La crisis del sistema capitalista en su centro (EEUU), tiene perspectivas imprevisibles en su contra a la luz de su crónica decadencia en todos los órdenes, develada en mayor medida a raíz del ascenso de Donald Trump al frente de su cúpula imperialista.

La democracia de calle y la insurgencia global generalizada (entendida en toda su diversidad y amplitud), suma de insurgencias locales, nacionales, regionales, parece ser la vía expedita para detener y superar la destrucción y el caos que está generando: porque es vital convertir en multitudinaria la indignación y potenciar la creatividad necesaria para vencer un sistema capitalista-imperialista que es fuerte y débil a la vez.

No son tiempos de repliegue revolucionario, sino de resistencias y ofensivas transformadoras de lo pequeño y mediano a lo grande; puesta la mira en la insurgencia global anti-capitalista imbuida de mucho latino-americanismo e internacionalismo, de mayores confluencias y coordinaciones, de combinación de la unidad en profundidad con la unidad en amplitud. Nuevas vanguardias activas y pueblos movilizados construyendo contra-poder para recrear su propia alternativa solidaria.

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