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Buena iniciativa, pero…

Buena iniciativa, pero…
Julio Cury

A principios de agosto recibí una propuesta de parte de una conocida revista. El texto era el siguiente: “Un gran placer saludarle. Escribiéndole porque Revista XXXX está trabajando su edición del mes de septiembre con tema de portada XXXXX y su especial para las principales Firmas de Abogados. La intención es contar este año con la presencia de Julio Cury/Inteligencia Legal en este número junto a las demás firmas. Para el lanzamiento de este número, XXXXX organiza su “gala dinner” donde reuniremos a los principales bufetes. Adjunto le remito propuesta comercial. Déjeme saber qué día podemos reunirnos brevemente, presentarle todo y definir como podría ser su presencia. Saludos cordiales”.

La referida propuesta se contraía a pagar una cierta cantidad de dinero por aparecer en una página de la revista, y poco menos del duplo por dos páginas. La iniciativa es interesantísima, pero carece de todo sentido pagar para figurar en dicho número. Y lo explico: el solo hecho de aparecer en semejantes condiciones, cuestiona seriamente la principalía que pueda atribuírsele a las oficinas de abogados que recogieron el guante, pues su aparición en la revista no se basa en criterios asociados a la clientela, calidad de los servicios prestados, responsabilidad, competencia, trayectoria, eficacia, logros, habilidades analíticas y argumentativas, valores y principios de las firmas, sino en la aceptación de una propuesta comercial.

Un despacho de abogados no puede ser bueno, competitivo o “principal” porque acuerde con una editora de revistas los términos de una oferta económica para aparecer en una cierta edición, sino porque sea creativo en la solución de las necesidades de su clientela o en la de los conflictos inevitables de la convivencia humana, entre muchas otras cualidades que el dinero no puede medir. Si se trata de una firma con trayectoria, experiencia acreditada, reputación, historial de clientes, resultaría negatorio de todo ello pagar ser reconocida.

Igualmente, sería un contrasentido que una determinada oficina que no cuente con esas y otras tantas herramientas, figure en una revista como una de las principales del país, porque el rasero para medirla o acreditarla como tal no podría ser jamás la aprobación de una propuesta comercial. Siendo así, y como en ocasiones anteriores, la firma que tengo el honor de dirigir declinó participar en el número de las “principales firmas de abogados” del país, iniciativa que otra editora de revistas debería animarse a hacer también suya para cuajarla en realidad… pero al margen de intereses pecuniarios.

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