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Calidad de la enseñanza

Nada más cierto que lo que acaba de afirmar el señor Julio Leonardo Valeirón, en el sentido de que en este país no se puede seguir con la práctica de formar profesores con programas universitarios que solo dedican un día a la semana. Es una práctica cuestionable en toda su extensión.

¿Quién ha visto que con apenas unas cuantas horas a la semana -que lo más probable no pasen de tres- será suficiente para preparar a quienes van a tener la enorme tarea y/o responsabilidad de educar a la juventud de este país?

Está más que demostrado que la calidad de la enseñanza y el nivel de profesionalización de nuestros educadores tienen muchas deficiencias, lagunas que en ocasiones se muestran insalvables.

República Dominicana tiene el triste privilegio de ubicarse entre los países con menos preparación entre su cuerpo docente, lo que redunda en una baja calidad en el aprendizaje del alumnado. Eso lo han referido organismos internacionales bien documentados sobre la materia.

Entendemos que abrazarse a la causa del magisterio no puede ser un asunto que se tome a la ligera, por el simple motivo de conseguir un empleo, encontrar una manutención que no sea tan difícil e incómoda a la vez, o lograr una colocación en la dependencia estatal correspondiente a través del clientelismo político. Craso error en todos los casos.

Demás está decir que la compleja nómina de profesores en el sector público está repleta de personas que no tienen las herramientas necesarias de aprendizaje para cumplir con el rol de educadores.

Es que la vocación de profesor no se consigue de la noche a la mañana, viene con uno mismo, aunque es en las aulas donde se adquieren los conocimientos y las herramientas indispensables para enfrentarse a la realidad.

No es verdad que con tres o cuatro horas semanales, que sumando las cuatro semanas del mes vendrían a ser unas 36 ó 48 horas, ¡apenas dos días!, o menos, porque en resumidas cuentas el calendario a agotar difícilmente sea una realidad cubriendo todo el tiempo establecido.

Valerión, director ejecutivo del Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (Ideice), afirma que la experiencia ha demostrado que la prioridad de la educación debe ser la formación de los maestros. Y en ello el Estado no está actuando con toda la rigurosidad que amerita el caso.

He conversado y/o participado en eventos con profesores de educación media y universitaria, y he podido comprobar que es hasta vergonzoso el nivel de preparación de muchos de éstos. Sus niveles de conocimiento distan mucho de lo que en verdad deben tener quienes están llamados a llevar la sabia nutriente de la enseñanza a los jóvenes que se preparan para el porvenir.

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