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21 Abril 2024

Cambiar una derecha por otra no es cambio

Enfoque

Las leyes electorales y otras vertientes de las bases jurídicas de las políticas públicas lo empeoran todo en la misma dirección.

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La República Dominicana arriba al tercer año del gobierno establecido en el 2020 y falta alrededor de un año para las votaciones fijadas para el 2024.

El sistema electoral dominicano, basado en la constitución vigente, en la ley orgánica electoral y la ley de partidos, sigue siendo un conjunto de mecanismos profundamente antidemocráticos, articulados para reproducir la partidocracia tradicional en función de su poder de decisión y de su enorme disponibilidad de dinero de todos los orígenes.

En sus últimos años de vigencia, cada vez más perfeccionado para excluir y negar derechos, su dinámica ha sido garantizar continuidad en el gobierno a los partidos de derecha, o aceptar a regañadientes su relevo por fuerzas parecidas, con la misma sustentación social oligárquica y tutela imperial de EEUU.

La Constitución vigente, aprobada en el 2010, reformada en el 2015 para favorecer la reelección, fue elaborada en interés de consolidar y maquillar estructuras que sirven a las decisiones e intereses de los partidos políticos dominantes y las élites sociales dominantes.

De ahí que, con un lenguaje que aparenta sustentar un proyecto de “democracia representativa”, en realidad ella se concibió para establecer una partidocracia corrupta asociada a cúpulas capitalistas y patriarcales.

La definición de “un Estado social, democrático y de derecho” no es más que una falacia, porque todo el conjunto del texto se redactó para impedir que el pueblo decida sobre su propio destino; imponiendo, por el contrario, una forma de dirigir la sociedad a través de los Poderes Públicos, que en realidad excluyen al sujeto pueblo, al que la propia Constitución refiere como el Soberano.

El Estado dominicano ni es social, ni es democrático, ni es derecho.

Las leyes electorales y otras vertientes de las bases jurídicas de las políticas públicas lo empeoran todo en la misma dirección.

La Constitución vigente estuvo precedida de la Constitución de 1966, menos florida, pero igualmente antidemocrática.

Por eso, el producto electoral post intervención militar estadounidense ha seguido agravando la crisis que empobrece materialmente y culturalmente a nuestro pueblo, depredando a la vez su entorno natural.

Los cambios no han cambiado nada sustancial en materia de ejercicio de poder. Lo bueno conquistado es muy limitado y ha costado mucha sangre y enormes sacrificios.

Cambiar una derecha por otra no es cambio ¡Es una farsa!

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Continuar con esta derecha o poner otra parecida, cuál de las dos peores, es lo que ofrecen las votaciones programadas para el 2024, amarradas mediante artículos constitucionales, leyes tramposas, financiamientos espurios, saturación publicitaria y alienación impuesta desde un inmenso poder mediático nacional e internacional.

La JCE, el sistema de partidos, la Embajada de EEUU, la narco-política, la oligarquía capitalista y sus grandes medios de comunicación están montando un mercado para la competencia entre fuerzas ultra-conservadoras, corruptas y corruptoras; un mercado plagado de no pocos candidatos que deberían estar en la cárcel por haberse enriquecido robándose las riquezas creadas por el pueblo y surgidos de nuestra hermosa naturaleza caribeña.

A eso no debe hacérsele el juego para, a nombre de un progresismo inconsistente y acuerdos puntuales, conseguir pequeñas cuotas electorales y algunos cargos menores en el Estado.

Esta bueno de conservadurismos, de apoyar opciones encabezadas por partidos de derecha, que terminan empeorando todo, porque malo sobre malo da peor.

Ya eso lo hemos vivido y sufrido durante 57 años.

Es peor pactar con ellos ahora cuando no hay derechas liberales ni pro soberanía. Todas son conservadoras, neoliberales, pro oligárquicas, entregadas a EEUU y las potencias capitalistas europeas. Y todas desde sus partidos, entidades públicas y privadas, e instancias culturales e ideológicas que crean opinión son promotoras de egoísmos, individualismos, megalomanías y ambiciones personales.

La política convertida en negocio y las campañas electorales en mercados están dominadas por una fuerza abrumadora hasta el hastío, que bien merece el nombre de “Movimiento Dame lo Mío”.

Ofende nuestra inteligencia considerar necesario montarse en los autobuses de esas derechas y sus partidos, camino a unas elecciones que no son elecciones, sino un gran negocio de la burguesía del Norte, de grandes capitalistas dominicanos y políticos corruptos.

Es suficiente ya con esta última experiencia del llamado “cambio” encabezado por Luis Abinader.

El cambio del PLD por PRM ha sido para establecer un gobierno de multimillonarios amarrado a EEUU, a los Vicini, Bonetti, Risek, Estrella, Grullón, Rainieri, Capellán… que antes gobernaban detrás del trono y ahora están directamente ocupando el trono, junto a un presidente de su clase y de su confianza.

El cambio ha sido hacia un Estado cada vez más dependiente y privatizado, al servicio de los intereses de mega millonarios internacionales tipo Bill Gates, Elon Musk, Soros, Mark Zuckerberg, con intermediarios como Abinader, Felipe Vicini, USAID, DEA y Comando Sur.

Así, al arribar el Gobierno de ABINADER a su tercer año de vida se está confirmando que no podía ser más que un cambio para NO CAMBIAR los males acumulados y sí para provocar una nueva frustración en quienes de buena fe creyeron en el nuevo mesías. ¡ESE CAMBIO RESULTÓ UNA FARSA!

Esta mala experiencia y sus razones deben ser bien ponderadas para evitar repetirla. La misma ha creado una realidad estructural muy costosa para el país, proyectada más allá de estos cuatro años.

El engaño fue posible porque el clamor popular contra la corrupción y la impunidad, engendradas por el sistema imperante, fue empleado fundamentalmente contra el Gobierno de Danilo Medina-PLD; debilitando a Marcha Verde, torciéndole su rumbo independiente, en tanto sus portavoces la dividieron al desconocer la decisión de no respaldar ninguna de las opciones electorales, todas derechistas y neoliberales.

Ciertamente, el clamor popular expresado durante tres años (2017 al 2020) en movilizaciones multitudinarias de Marcha Verde condenó, a nivel de pueblo, 20 años de desgobierno y corrupción del PLD.

Pero al optar muchos componentes de ese movimiento por el electoralismo opositor, el torrente anticorrupción favoreció al PRM y a su candidato presidencial, que marchaba de la mano de WASHINGTON y de elites capitalistas criollas, que apostaron al relevo electoral bajo su control.

Se perdió una gran oportunidad para producir un cambio profundo que desplazara desde las calles el régimen establecido, que debilitara a todos los partidos corruptos que lo sustentan y abriera las compuertas a transformaciones constitucionales y estructurales profundas, a cargo de un movimiento político-social alternativo al sistema de partidos.

La división de Marcha Verde, provocada por la formación de la denominada COALICIÓN DEMOCRÁTICA pro PRM-Abinader, impidió esa posibilidad.

La entronización de esa opción de la derecha conservadora quedó absolutamente controlada por EU y las elites de la lumpen burguesía dominicana, situándose abiertamente contra la soberanía del país y la autodeterminación latino-caribeña; y, además, comprometida con los inútiles y brutales esfuerzos de EEUU por detener y revertir su decadencia.

Por esas razones, el llamado cambio -como pasó con el ascenso del PLD al gobierno en 1996- en poco tiempo ha resultado sumamente perjudicial para nuestro pueblo y nuestra Nación. Y en tal virtud nuestro Movimiento Caamañista-MC propone otra ruta para salir de este círculo vicioso y viciado.

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