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Campaña sucia contra el turismo

Campaña sucia contra el turismo
Mario Rivadulla

Principal destino turístico del Caribe, somos también altamente competidos. Y no siempre se trata de competencia leal.   No es raro el uso de  campañas sucias, apelando a todos los medios y utilizando la llamada prensa amarilla siempre dada a la búsqueda de motivos de escándalo que exciten el morbo y atraigan el interés público…y también justifiquen el apoyo de quienes las patrocinan.

Hoy la industria turística dominicana, que clasifica entre las actividades de mayor importancia económica y social y constituye un fuerte motor de desarrollo con un gran valor de multiplicación y de incidencia positiva en casi todos los demás sectores productivos, está pasando por ese trance.

Basta leer los reportajes alarmistas que se han estado divulgando, aprovechando la coincidencia de circunstancias totalmente ajenas las unas de las otras a partir de la denuncia de una turista, supuestamente víctima de una extraña agresión física con o sin alegada violación ya que la misma la ha afirmado y negado alternativamente, al tiempo de haberse negado a establecer formal querella en su momento ante las autoridades dominicanas.

Un caso en extremo sospechoso que habría ocurrido en enero y no fue dado a la publicidad hasta cuatro meses más tarde cuando fracasó el intento de obtener del hotel donde habría ocurrido el hecho una indemnización de 2.2 millones de dólares,  que este con toda razón remitió a la compañía de seguros donde figura la póliza que cubre tales riesgos, la cual, como es lógico en tales casos, dispone primero de una amplia investigación para establecer la validez de los elementos que justifiquen un pago de esa magnitud.

Pero cual sea el resultado de la investigación, la muerte posterior y reciente en hechos separados de otros tres turistas estadounidenses, un matrimonio y una profesional, no guardan la menor relación con el anterior que ha servido de excusa para esta campaña. Y si bien los resultados de las pruebas toxicológicas practicados a estos últimos demorarán todavía un mes como mínimo, los exámenes de Patología a sus cadáveres ponen en evidencia que no presentaron la menor señal de violencia, y que todo apunta a que su muerte no tuvo la menor relación ni fue a consecuencia de una acción criminal.

Pese a ello, la campaña sucia ha mezclado de manera caprichosa e intencionada estos hechos que no guardan la menor relación.  El propósito es más que evidente. No es lo mismo ni produce igual impacto hablar de un solo caso bajo investigación a publicar que 4 turistas norteamericanos han muerto en República Dominicana en pocas semanas sin mayores especificaciones dejando correr la sospecha de que fueron a consecuencia de violencia criminal.

El nivel de seguridad que el país ofrece a los turistas está debidamente documentado.   Del 2009 a la fecha, hemos recibido de Estados Unidos y Canadá, 51 millones 284 mil 969 turistas.  Tan solo el pasado año el número global de turistas de todas las nacionalidades ascendió a 6 millones 500 mil en números redondos.  Los casos de delincuencia reportados ascendieron a 104 en el 2017, una proporción de tan solo 1.6 por cada 100 mil; y apenas 89, en el 2018, cuando la proporción bajó a 1.4 por cada 100 mil.

No es por gusto, por tanto, que el país figura en el más alto escalafón como destino turístico seguro en todo el Continente. Ni se falta a la verdad cuando el Ministerio de Turismo y ASONAHORES califican tales ocurrencias de “hechos aislados”, lo que es también la opinión  de la embajadora estadounidense Robin Berstein que los ha clasifica como
“hechos puntuales”, que significa lo mismo, agregando “que ocurren en cualquier parte”.  Y no es por complacencia, sino por experiencia que lo expresa.

Sin embargo, no basta decir esto aquí.  En realidad es en el exterior donde hay que exponerlo y apuntalar nuestro liderazgo, dando a conocer la parte de la historia que en forma sesgada se ha venido divulgando, ya sea por interés malsano, ya por falta de profesionalidad y ética.

El país tiene que salir al frente a la campaña sucia y sesgada, exponiendo la verdad de los hechos de manera contundente y convincente. Y tiene que hacerlo en los mercados turísticos. Es tarea que en primera y principal instancia corresponde al Ministerio de Turismo y al sector directamente involucrado, y que debiera involucrar también a la Cancillería dando instrucciones a nuestros embajadores de seguimiento y aclaración sobre cualquier información negativa en los respectivos países donde ejercen su misión.  Y de igual modo a las entidades y grupos organizados de nuestras comunidades en el exterior

Dada la importancia que reviste para el país, el tema es de interés general y no solo del sector turístico. Y como tal debiera ser asumido.

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