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Caos inmerecido

Caos inmerecido
Víctor Bautista

El tráfico está cobrando cotas apocalípticas en Santo Domingo y creo que en muy poco tiempo no tendrá diferencia alguna con el mismo infierno.

Diez años atrás uno se planificaba para no atascarse en las calles en las horas pico (en la mañana, con el inicio de la actividad productiva y educativa, y en la tarde, a la vuelta a casa).

En el presente, el tapón es una cruda realidad a toda hora. Evitar las grandes arterias no es opción, porque las vías alternativas son peores.

La economía informal y la proliferación de comercios de distintas índoles, restaurantes, bares, salones de belleza, escuelas privadas, sin normas claras sobre uso suelo y espacios públicos, nos arropan.

El derecho a ganarse la vida viene con una prerrogativa inexpugnable: parqueos en las calles, a ambos lados, durante todo el día y parte de la noche.

Una plaza comercial puede tener 100 locales y 20 parqueos para todos, oferentes y clientes. No pasa nada. Un valet parking resuelve utilizando las calles y las aceras, aunque el tránsito quede virtualmente bloqueado.

Los efectos del loable trabajo de mejoramiento de retornos y giros hechos por el ministro de Obras Públicas han durado menos que cucaracha en gallinero.

La ola de soluciones individuales de transporte es indetenible, arrasa, golpea y avasalla. La libertad de empresa está prohibida en esa área por grupos apandillados bajo el sello gremial. No existe servicio de transporte público; hay un ejercicio de tortura, ofensa y garrote contra la dignidad de las personas.

El panorama es peor si adicionamos la falta de conciencia cívica de una inmensa cantidad de gente detrás del volante; insuficientes agentes de tránsito, multas tan flexibles que no duelen, la permisividad y las falencias en la semaforización.

No entro en detalle sobre el caos normativo y el solapamiento institucional, porque no quiero agregar más carga sicológica negativa a mis lectores.

El problema del tránsito es estructural y demanda una reforma de calado profundo que, sin embargo, está siendo peligrosamente aplazada. O quizás la haremos cuando sobrevenga el colapso total. A eso apunta este caos que no merecemos.                                                                                

 


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Comentarios

Creo que la problemática del sistema de transito de la Rep. Dom. se debe mas a la mala practica, la mala organización y al ir-respecto de las leyes de transito que a las vías publicas y sobre todo al poco civismo que mostramos los dominicanos al conducir un vehículo y la poca señalización de las vías.
A ESTO HAY QUE AÑADIR LO SIGUIENTE: HACE APROXIMADAMENTE 50 O 60 AÑOS EL DISEÑO DE LAS VÍAS SIEMPRE A SIDO RESPONSABILIDAD DE OBRAS PUBLICAS. ESTOS "DISEÑOS" DE VÍAS CONFORMARON BARRIOS, GRANDES URBANIZACIONES, ETC, SIN LA MAS MININA VISIÓN FUTURISTA. PERO LO MAS PARADÓJICO ES QUE LA MAYORÍA DE ESTOS TRAZADORES DE VÍAS, CALLES Y CARRETERAS DE ANTAÑO NUNCA TUVIERON AL FRENTE DE UN VOLANTE. LOS EFICIENTES TÉCNICOS DE HOY EN DÍA POCO PUEDEN HACER CON ESTE ÁRBOL DEL TRANSPORTE NACIDO TORCIDO.

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