X
Ir arriba
Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama
Viernes 22 de enero, 2021
Aplicación española para el cálculo de riesgos por Covid-19
Covid-19 en República Dominicana
  • Infectados 199,672
  • Nuevos casos 1,549
  • Fallecidos total 2,482
  • Nuevos fallecidos 12
  • Recuperados 146,020
  • Críticos
  • Pruebas 981,506
<< Mapa interactivo >>

Carmen

Carmen

 

La noticia me llegó como una saeta inesperada, tan punzante como veloz. Yo estaba en la tertulia de los industriales de Herrera cuando Alberto Rosario, con una sorpresa brumosa esculpida en el rostro, me pasó su teléfono móvil y antes de hacerlo le escuché decir a alguien con quien hablabla: “Dile a Víctor.”

Un torrente de interrogantes pobló mi cabeza. El corazón me dio un salto caprino, como queriendo huir de su sitio. Tuve un mal presentimiento. La voz al otro lado era de Panky Corcino. Curtido en la precisión del buen periodismo, me soltó la noticia sin anestesia, pero evidentemente conmovido.“Carmen Suárez murió de un infarto.”

Me sentí en  esa tierra de nadie que está entre el sueño y la vigilia. Hubiese preferido quedarme en el primer estadio, pero la dura realidad me llevó al segundo cuando Panky me dijo: “Había un aguinaldo en Acento y en ese instante fue cuando le dio el infarto.”

Con Carmen trabajé en tres periódicos en los que  tuve participación ejecutiva en la política editorial, la planeación y dirección de contenidos.

Todo editor de portada responsable piensa con antelación en sus recursos gráficos para impactar y se esfuerza porque ninguna tapa se parezca a otra. Es la cara del diario, el anzuelo, la entrada triunfal o deprimida –dependiendo del vigor editorial- a la geografía interior del diario.

Debo confesar que cuando el aporte gráfico de un tema de primera plana estaba en manos de Carmen, siempre me sentía tranquilo, confiado, por la acostumbrada fuerza de sus imágenes, por la pericia de captar la noticia y su esencia sin tirar “patadas voladoras” como los fotógrafos malos.

Una chica afable, casi siempre sonriente, silenciosa y discreta eran sus signos distintivos. Nunca se apagó en ella la calidez en su trato respetuoso hacia mi pese a que, hacía muchos años, había dejado de ser su jefe.

Carmen Iris Suárez, barahonera, del sur que es mi sur, a veces agreste, a veces floreciente, nublado ahora y soleado ahorita, controversial y convulso. Esa es la imagen que tengo cuando pienso en Carmen y este repentismo de escaparse escurridiza de la vida sin despedirse de nadie. Descansa Carmen, mi hermana.

Comenta con tú facebook

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *